Por Luis Alejandro Rizzi.-
“Pienso que las personas que leen pueden sacar sus propias conclusiones”, también dijo, refiriéndose al posteo en el cual Trump hasta escribió que Robert Prevost fue electo en el cónclave de mayo del año pasado gracias a él: “Si yo no estuviera en la Casa Blanca, León no estaría en el Vaticano”, escribió Elisabetta Piqué, La Nación.
Es muy difícil pensar que Donald Trump esté en el pleno goce de sus facultades mentales. Sus discursos dicen lo contrario, ahora se atribuyó el mérito de la elección de Roberto Prevost como Papa León XIV.
Ya no se trata sólo de narcicismo ni egolatría; se trata de falta de equilibrio psíquico y de un desconocimiento e incapacidad para entender de la realidad, una suerte de dislexia intelectual.
Como dijo León XIV. su “apocalíptica amenaza” a Irán sería en una persona normal un tipo delictivo de tentativa, porque cuenta con los medios para hacerlo, pero además carece de la autorización legislativa.
En una persona inimputable como parece serlo Trump, cualquier juez dispondría como mínimo una internación.
El “alerta psiquiátrica” parecería que empieza a ser tenido en cuenta por algunos tribunales estadounidenses y es una alternativa que el congreso debiera ponderar para determinar la idoneidad para ejercer la función.
“No soy un político, no vemos a la política exterior con la misma perspectiva, sino como constructores de paz”, dijo León XIV.
La historia es en última instancia una descripción e interpretación de conflictos. Diría que la vida es “conflicto permanente” y en estos momentos en los que el hombre cuenta y dispone de una tecnología sorprendente que permitió llegar a la luna y a otros planetas con fines exploratorios, Trump habló de apropiarse de la luna colocándose más en una posición demoníaca y “lunática” que celestial.
Si la tecnología se usa para el mal, el apocalipsis se adelantará a la parusía.
En política no existe la destrucción creativa y su objetivo es el opuesto: la promoción del bien común y una de sus tareas es la construcción permanente de la paz.
Trump está en el extremo opuesto, junto a Netanyahu, y en escala de caricatura, a Javier Milei -Mambrú-, cuyos “Adornis” se convirtieron en “mostrosuitá” como radiografía de su gestión.
El triunfo de Peter Magyar en Hungría es un buen dato; el mal -los Orban, Los Milei, los Trump- sólo son pasajeros; “no se puede engañar a todos, todo el tiempo”.
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