Por Carlos Tórtora.-

Lo más probable es que mañana la Cámara de Diputados apruebe modificaciones al proyecto de reforma laboral, que cuenta con media sanción del Senado. De ser así, el gobierno empezaría a correr una carrera contra el calendario, porque las sesiones extraordinarias terminan el 28. Javier Milei habría ordenado que el 26 el Senado trate el proyecto que mañana sancionará Diputados.

Pero para que sea ley la reforma, el Senado debería sancionar el texto de Diputados sin hacerle ninguna modificación. Con cualquier reforma que hiciera, el proyecto debería entonces volver a Diputados y allí podría ocurrir lo siguiente: si el Senado sancionó con mayoría simple, Diputados podría insistir con el proyecto que sancionó si lo reafirma con mayoría absoluta. Ahora bien, si el Senado modificó el proyecto con dos tercios, para insistir Diputados debería contar también con dos tercios.

Un itinerario como éste implicaría varias semanas más y, desde ya, que el proyecto sea tratado en el período de sesiones ordinarias que empieza el 1 de marzo.

Semejante postergación impediría que Milei pueda exhibir la reforma laboral como un trofeo durante la gira por EEUU que empezará mañana.

Un escenario incómodo

En síntesis, el único camino sencillo para la Casa Rosada pasa por que Patricia Bullrich consiga la semana que viene que el Senado apruebe el proyecto tal cual lo envíe Diputados y se convierta entonces en ley. Pero este gran éxito político tendría un costo bastante alto. Bullrich se consolidaría como la gran figura del oficialismo y tendría argumentos para seguir insinuando su vocación presidencial, por más que Karina Milei haga grandes esfuerzos para que no crezca.

Bullrich muestra por ahora interés por la gobernación de Buenos Aires o la jefatura de gobierno porteña, pero en Olivos nadie duda que su verdadero objetivo es suceder a Milei y que pensaría que éste terminará jaqueado por el caso $LIBRA y la crisis económica, no pudiendo entonces presentarse para su reelección.

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