Por Carlos Tórtora.-
La estrategia del gobierno en el caso Adorni pasó por que este postergara la presentación de su declaración jurada hasta el inicio del Mundial. Entonces el tema tendría escasa repercusión y se apagaría con el correr de los días. Pero el Jefe de Gabinete, probablemente llevado por la desesperación, sobreactuó y construyó una verdadera novela, rehaciendo su vida económica desde el 2013 y revelándose como un exitoso inversor en Bitcoin. La reacción es entonces proporcional a la desmesura de Adorni. Ahora las consecuencias son diversas. Para empezar, Javier Milei volvió a consagrarse como mentiroso, porque un mes atrás afirmó que el conocía las explicaciones de Adorni sobre su patrimonio y que eran correctas.
En términos de costo político, después de esta declaración jurada, continuar sosteniéndolo a Adorni en su cargo será mucho más costoso que antes. Y existe a partir de hoy un riesgo mayor de que en alguna de las dos cámaras se reúnan los votos de la mayoría absoluta para una moción de censura primero y luego la remoción del funcionario.
Si esto último no ocurre, la palabra la tiene ahora Ariel Lijo, porque la declaración jurada era el último obstáculo antes de citarlo a Adorni a prestar declaración indagatoria. Éste tiene ahora un nuevo motivo para no renunciar: si es todavía jefe de Gabinete podrá declarar por escrito pero si no lo es deberá sufrir la tensión de ir a Comodoro Py asediado por periodistas y opositores.
Por otra parte, ayer operadores del bloque de LLA en Diputados le advirtieron a la Casa Rosada que, si Adorni sigue en su cargo, será casi imposible que los aliados del gobierno voten sus proyectos de leyes.
El cuadro es altamente riesgoso para el gobierno por la siguiente razón: una nueva baja en las encuestas dejaría expuesto que el operativo rebote del oficialismo fue un fraude y que las chances de reelección de Milei se están achicando mientras los 18 meses de bonanza prometidos por Luis Caputo se perfilan como una burla.
Otro dato importante de ayer es la negociación que hubo entre Milei y Bullrich para que ella no lo fulminara a Adorni y se fuera dando un portazo. Un mes atrás, la senadora intimó al jefe de Gabinete a que presentara su declaración. Ahora, ante una presentación obviamente fraudulenta, Bullrich se limitó a decir que se trata de una «omisión ética». Qué negociaron Milei y Bullrich para evitar la ruptura es, al menos por ahora, un misterio.
Algo que recién empieza
En síntesis, da la impresión de que la fantasiosa declaración jurada no sólo no contribuye a desmantelar el escándalo, sino que hizo lo contrario, repotenciándolo. Hay por delante meses de investigación judicial y el probable descubrimiento de que la declaración no es sino un conjunto de fraudes que no resisten una investigación profunda.
Para bajar los decibeles del tema, la única alternativa del presidente es que Adorni deje el gobierno. Evidenciando lo molesto que está, Milei ya no menciona a su hombre de confianza y menos aún lo defiende.
Algo es seguro: este tema tiene un límite temporal, porque Milei de ningún modo puede empezar el 2027 con Adorni en esta situación. Y sólo resta la mitad del año. Adorni sabe esto y que los próximos 60 días serán cruciales para su permanencia en el cargo.
Como se sinceró un diputado kirchnerista 15 días atrás, «hay que dejar que siga Adorni, porque así como va Milei va a perder las elecciones y volvemos nosotros». No hay dudas de que La Cámpora no quiere enfrentar en las urnas a Bullrich.
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