Por Carlos Tórtora.-

La derrota de la selección nacional ante España supuso ayer cierto alivio para un preocupado Javier Milei. Éste, a través de su vocero Adrián Ravier, había polemizando con Lionel Messi sobre los ingresos de los argentinos y además criticado la reivindicación de Malvinas por parte de los jugadores. La reiteración de episodios de este tipo en medio de una apoteosis por una nueva copa podrían haber dañado bastante al gobierno. Simultáneamente, en Olivos la comunión de intereses entre Claudio Chiqui Tapia y Axel Kicillof es motivo de la mayor preocupación. Ambos están dirigiendo ahora el proyecto de reestructuración del estadio único de La Plata para convertirlo en la casa de la selección.

La obtención sólo del subcampeonato disminuye en alguna medida el riesgo de deterioro para el gobierno, por la instalación de un clima peronista, opositor y malvinero.

La tensión de Milei habría aumentado luego de que Lionel Scaloni le hiciera llegar su respuesta negativa al ofrecimiento suyo para vaciar la Casa Rosada y que los jugadores -sin ningún funcionario presente- saludasen desde el balcón a la multitud en Plaza de Mayo.

Ahora, con un festejo moderado por el segundo puesto, la capacidad de la Selección para hacer daño político sería bastante menor.

El sismógrafo

Pero en este análisis también cabe incluir lo que puede ser una consecuencia grave en el campo social.

La mayor parte de los analistas coinciden en señalar que la obtención del cuarto título hubiera perfilado un clima de euforia que de alguna manera le daría cierto oxígeno al gobierno.

Ahora, con el subcampeonato, las angustias económicas de la población volverían al primer plano y tal vez la gente se aleje aún más de la política económica.

De cualquier modo, los problemas de Milei con la pasión futbolística parecen irreversibles, ya que, hoy por hoy, éste es uno de los pocos presidentes que no se acerca en público a los jugadores por temor a las reacciones de repudio.

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