Por Carlos Tórtora.-

La reclusión de Javier Milei en Olivos durante la última semana respondería a causas coherentes. El presidente estaría profundamente deprimido y le habría delegado la suma del poder a Karina. La causa principal de este estado de ánimo no serían los múltiples indicadores económicos que reafirman el fracaso de la económica. Tampoco serían las encuestas que profundizan día a día la caída del gobierno.

La verdadera causa de la depresión sería el lanzamiento en la última semana de dos candidatos presidenciales para la captación del voto de derecha: Daniel Hadad y Jorge Brito.

Ambas figuras pisan el terreno electoral con un fuerte empuje del Círculo Rojo. Y en el caso de Hadad -residente en Miami- existiría un vínculo profundo con la embajada de EEUU en Buenos Aires. No es menos obvio que tanto Brito como Hadad son operaciones de testeo del electorado, cuando falta exactamente un año para las PASO si es que éstas no son suspendidas.

La primera interpretación que se puede hacer de lo ocurrido es que el Círculo Rojo ya no vería factible la reelección de Milei y empieza a probar otros candidatos, además de Patricia Bullrich, que puede deteriorarse próximamente en su doble rol de operadora del gobierno en el Senado y a la vez disidente de los Milei.

En una segunda interpretación, podríamos decir que el Círculo Rojo no sólo ve improbable la reelección presidencial por lo que dicen las encuestas, sino que también la ve inconveniente. El perfil autocrático y emotivamente inestable de Milei se está convirtiendo en incompatible con un modelo que requiere previsibilidad, calidad institucional y seguridad jurídica.

El problema central ya no sería sólo que a Milei se le escapan los votos sino que los operadores del poder económico lo estarían dejando de considerar confiable.

También hay un mensaje implícito que habla del disgusto de los mercados por el hecho de que Karina sea en realidad la que está ejerciendo el poder.

La reacción del león

Tal vez la pregunta más interesante para hacernos es qué hará Milei ante la realidad de que sus grandes mandantes lo están abandonando.

Las particulares condiciones del mileísmo hacen que una retirada ordenada del poder sería casi impensable. LLA no es una construcción política sólida sino un asalto al poder por un reducido grupo de improvisados. Ante la evidencia de que apenas queda un año de fiesta, podría desencadenarse una estampida de deserciones y pases a la oposición. Además, los Milei no pueden replegarse como hizo el PRO con la Capital hacia ningún distrito propio, porque no lo tienen.

Y, lo más grave, desde el caso $LIBRA a las coimas de la ANDIS, a los Milei les espera un largo calvario judicial si deben desalojar la Casa Rosada.

Lo más probable es que los hermanos hagan lo que ya están haciendo: tratar de evitar el desbande manteniendo las apariencias de que la reelección es posible y está en marcha. O sea, darle credibilidad a un proyecto que parece destinado al fracaso. Comprando así tiempo, tendrían la esperanza de que algún milagro político o económico los vuelva a poner en carrera.

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