Por Luis Alejandro Rizzi.-

Según los “riesgólogos”, 350 puntos básicos es el número que separa la desconfianza de la confianza sobre la economía de un país. Para la gente común, sería la diferencia entre el insuficiente o suficiente.

El nivel de riesgo de ayer, 512, se alinea con el nivel de rechazo y de confianza en el gobierno por parte de la gente, y pone en duda la reelección de Milei.

Una cuestión que no se advierte es que los mercados claramente expresan que tampoco creen en Milei. Los 512 puntos expresan que es el país el que no ofrece seguridad.

Ese nivel de riesgo no pondera el “riesgo Kuka”, ni el “riesgo Quintela”, éste no figura, no se lo tiene en cuenta.

Lo que expresa el riesgo país es que el mercado, el templo de Milei, exige cambios que no sólo son los que emergen del riesgo “K”, sino asimismo los que emergen de la rigidez de Milei, en su abstracción fantasiosa.

Ayer se atribuyó un éxito, porque la inflación mayorista fue de 0,8%, lo que dice haber prometido en enero pasado. “Tuve razón” dijo, lo que lo coloca en el nivel de un preocupante infantilismo mental.

Todos sabemos que se refirió al IPC, que es lo que mira la gente, siendo probable que esa celebración también incida en la medición que genera su propio riesgo, que ya más que riesgo país, es “riesgo Milei”.

También es falso el “dogma” del superávit fiscal. Lo hemos dicho y lo repetimos, no significa nada, o en todo caso “significa mal” porque el superávit que dice tener Milei es falso, ya que lo obtiene desviando fondos con asignación específica y suspendiendo la inversión en capital.

A Milei lo miman porque su obsesión es pagar la deuda, que es el deseo de los acreedores.

Lo que no entiende el “trader” Caputo es que los acreedores -FMI incluido- saben que la única forma de pagar la deuda es teniendo acceso a los mercados y el 512 es una barrera, no insuperable pero muy costosa para cruzarla sin romperla.

El riesgo país nos dice que tenemos alta inflación, que no tenemos tipo de cambio real de mercado, que tenemos tasas groseras y la infraestructura enferma de leucemia.

Un factor de calma sería que Milei renuncie a su imposible reelección, que Karina se dedique a lo que sabe hacer, pastelería de panadería, porque la pastelería política le sale con feo olor, de modo que los candidatos deban exponer sus programas, sabiendo que la ortodoxia fanática de Milei nos lleva al infierno de los que se portaron o portan mal.

Así estamos, “512”, en el rincón, como en los viejos tiempos de las penitencias.

Señal que Milei debería salir al exterior con barbijo, los malos añaden “y con pañales”…

Share