Por Carlos Tórtora.-
La actual crisis política circula por caminos atípicos y situaciones realmente extrañas. En este sentido se pueden tomar en cuenta a modo de ejemplo tres factores gravitantes. El primero es que el gobierno no puede decir que abandona su objetivo de eliminar o suspender las PASO, pero en la práctica lo está haciendo. No puede decirlo, porque lleva dos años sosteniendo que las PASO son un derroche injustificable y que no sirven para nada y cambiar de opinión ahora sería caer en el ridículo. Pero la realidad es que la mesa política del gobierno ya ni habla del tema y estarían convencidos de que habrá, aparte del presidente, más de un candidato presidencial disputando el voto de derecha. Se pueden anotar Patricia Bullrich, Daniel Hadad, Jorge Brito y hasta Hernán Lacunza. Cualquiera de ellos obtendría suficientes votos como para hacerle perder a Milei la primera vuelta. Para evitarlo, al presidente sólo le quedaría una solución y es invitar a todos los candidatos de derecha a unas PASO que probablemente ganen los libertarios. El candidato que no acepte pondría en evidencia que sería funcional al triunfo del peronismo.
El segundo factor que se desarrolla en forma extraña son las candidaturas presidenciales. Dos semanas atrás, Hadad y Brito lanzaron públicamente sus candidaturas y luego ninguno de los dos volvió a hablar públicamente. Tampoco se conocen las obvias encuestas que ya deberían haberse difundido. Parecen en la práctica ser candidatos fantasmales que actuarían en función de negociaciones entre las distintas facciones del Círculo Rojo y los Milei.
Parece obvio que la interna subterránea que se está dando en el oficialismo es todavía más intensa de lo que parece simplemente.
No hay milagros
El gobierno, empezando por Luis Caputo, salió a autoelogiarse destacando que el índice de confianza en el gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella marcó en agosto un 6% de crecimiento de confianza en el mismo.
Pero en la letra chica del trabajo, la Di Tella aclaró que el número en cuestión probablemente se deba a un error muestral y no a cambios reales en el humor de la gente.
Este episodio, aparte de resultar patético para el gobierno, refleja el actual estado de impotencia de la Casa Rosada. Ni aun haciendo esfuerzos de diversa índole, los Milei consiguen una encuesta seria que marque un rebote del oficialismo. En segundo lugar, hay que considerar que es probable que el oficialismo esté conformándose con que se haya consolidado una especie de amesetamiento del tercio que apoyaría al gobierno. Lo cierto es que, por ahora reservadamente, hay encuestadores que ya afirman que el Presidente apenas pasaría del 25% de apoyos.
Deja una respuesta