Por Luis Alejandro Rizzi.-
El gobierno acaba de ponerle freno a su proyecto de ley conocido como “soberanía de las Malvinas”, cuyo valor legal, en caso de ser sancionado por el congreso, es muy dudoso, por no decir inocuo.
Su real fundamento es el odio y la mediocridad de sus ideólogos, que ni siquiera llegan al nivel del sofista.
El odio es un sentimiento que repele al otro, al que se le desea lo peor. Es lo opuesto a la empatía o simpatía.
El odio es un camino hacia el “nihilismo”, generalmente consecuencia de neurosis e inseguridad personal por el lado de la psicología y de mediocridad y vulgaridad cultural.
Los insultos de Milei contra el presidente de Brasil fueron respondidos con la calidad y sobriedad propia de Itamaraty: “Esta manifestación antidemocrática es inaceptable, desequilibrada y no se condice con la postura que debe tener el jefe de Estado de un país amigo”.
Ambas deformaciones, enfermedades y vicios, convierten al “odio” en una suerte de coraza protectora que lleva al uso del miedo como medio de defensa.
En política son los nuevos “idiotas útiles”, que se convierten en militantes de ideologías que no entienden y cuyas consecuencias son incapaces de ponderar. Es una cualidad que define al “imbécil” o “idiota”.
El gobierno de Milei, que milita en el sentimiento del “odio”, empieza a padecer sus consecuencias.
Es adicto al agravio que se expresa mediante la cultura del epíteto y el menosprecio al otro.
Eso es el dogmatismo populista que define a ese mamarracho que es “el libertarismo y la nueva derecha”.
El proyecto sobre las Malvinas, en mi opinión, propio de orates, lo debió frenar el propio gobierno, ya que lesionaba, cuando menos, intereses legítimos de empresas vinculadas a la explotación de la energía y a la banca que financia la actividad.
Este freno ya debilita la posición argentina de defensa de la soberanía, ante la preeminencia de intereses que hacen de ésta un juego infantil.
El punto de la cuestión es que Argentina no ejerce soberanía efectiva sobre las Islas Malvinas. En ese territorito no impera nuestra legislación y los discursos de soberanía son tan primitivos que semejan amores adolescentes, las viejas estudiantinas de “La casa de la Troya” de Alejandro Pérez Luguin, que nos apasionaba en nuestra época de estudiantes, y que obviamente visité en Santiago de Compostela, donde la recuerda una placa de bronce.
El odio y el agravio fatigan, y esas consecuencias se advierten, por ejemplo, en la última encuesta de D’Alessio IROL / Berensztein, que en el ranking de imagen coloca primero a Guillermo Francos, seguido por Patricia Bullrich y Myriam Bregman. Milei aparece octavo, con sólo 35% de positiva y 62% de negativa. Incluso lo supera Kicillof con 37% y 58%.
En su discurso en Neuquén se burló de los que decimos que un segmento social no llega al día 20 del mes, desconociendo un hecho de la realidad que se traduce en endeudamiento moroso y mala calidad de la alimentación.
Se burló de los que creemos que el peso está sobrevaluado, y puso como ejemplo las exportaciones de energía, petróleo y gas, sin tener en cuenta que el precio del mercado compensa el bajo precio del dólar, además de los beneficios del RIGI.
Como sofista es un fracaso, ya que usa las dos caras de la mentira; la sofística usa las medias verdades.
La evolución del riesgo país mide el riesgo Milei, cuya suerte depende de Donald Trump y las elecciones del martes 3 de noviembre.
22/10/2026 a las 10:16 AM
https://youtu.be/-srTnpxiOc0