Por Oscar Edgardo García.-

La insólita convocatoria realizada a través de las redes sociales para celebrar una ceremonia de «bautismos comunitarios» (léase «militantes») frente al departamento en el que se domicilia Cristina Fernández de Kirchner para que ella «actuara» como «madrina espiritual» (léase «política») es una nueva puesta en escena que conlleva a plantearse si ya no es tiempo de que la justicia deje de lado su actuación absurda y le haga cumplir la condena en el lugar que le corresponde: una cárcel.

La Arquidiócesis de Buenos Aires, a cargo del Monseñor Jorge Ignacio García Cuerva, ha desestimado en esta ocasión sus habituales intervenciones en el terreno de la política, para aplicar sus conceptos religiosos desautorizando la ceremonia por no contar con permisos eclesiásticos, enfatizando que los sacramentos deben administrarse en un templo católico y no deben utilizarse con fines políticos. Bienvenida sea la medida adoptada.

Cabe esperar la decisión de los jueces para dejar de ser el «hazmerreír» de la expresidente, asumiendo su responsabilidad de hacer justicia de una buena vez por todas, obligándole a cumplir su condena en el lugar pertinente, porque de lo contrario, las funciones de sus obras teatrales continuarán desarrollándose ininterrumpidamente, con el perjuicio colateral para todos los vecinos y comerciantes, así como también para todos aquellos que deben transitar por la zona en que ella reside con total algarabía.

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