Popper y la clave de la historia

hitler stalin y mussolini

En el final de su libro “La sociedad abierta y sus enemigos”, Karl Popper se pregunta si hay realmente un significado en la historia. Su respuesta es contundente: la historia no tiene significado. La historia, tal como la entiende la mayoría de las personas, no existe y ello constituye un motivo más que suficiente para negar significado a la historia. Popper sostiene que las personas comienzan a hablar de “historia” a partir del momento en que comienzan a cursar la escuela primaria para seguir profundizando el tema en la universidad. Las personas que se interesan por la historia leen libros acerca de ella y es así como se acostumbran a ver una serie de hechos que configuran, según creen, la historia de la humanidad. Ahora bien, el reino de los hechos es muy rico, lo que obliga a una necesaria selección. De acuerdo a los intereses de cada uno de nosotros, se puede hablar de una historia del arte, una historia del lenguaje, una historia de la matemática, etc. Pero ninguna de estas historias, que se enfocan en un aspecto de la realidad, sería en verdad la historia de la humanidad. Cuando las personas aluden a la historia de la humanidad, en realidad están pensando en la historia de las antiguas civilizaciones, egipcia, persa, babilónica, griega, macedónica y romana, hasta la época actual. Esas personas, en realidad, no están pensando en la historia de la humanidad, sentencia Popper, sino en la historia del poder político, que es la historia que aprendieron en la escuela. Popper es muy claro: no existe tal cosa como “historia de la humanidad”. Lo que existe realmente es una serie inabarcable de historias de sucesos y acontecimientos que se han dado a lo largo del tiempo y que aluden a aspectos de la vida del hombre. Pues bien, uno de esos aspectos es precisamente la historia del poder político que las personas han elevado a la categoría de historia de la humanidad. “Pero esto es”, acusa Popper, “creo, una ofensa contra cualquier concepción decente del género humano y equivale casi a tratar la historia del peculado, del robo o del envenenamiento, como la historia de la humanidad. En efecto, la historia del poder político no es sino la historia de la delincuencia internacional y del asesinato en masa (incluyendo, sin embargo, algunas de las tentativas para suprimirlo. Esta historia se enseña en las escuelas y se exalta a la jerarquía de héroes a algunos de los mayores criminales del género humano”.

Este párrafo de Popper invita a un análisis de la historia en este sentido, la historia del poder político, destinado a promover innumerables polémicas. Dice Popper que la historia del poder político no es sino la historia de la delincuencia internacional y del asesinato en masa. Si uno rememora tan sólo el siglo XX y lo que va del siglo XXI, hay que darle toda la razón a Popper. Basta con mencionar a Adolph Hitler, Benito Mussolini y Joseph Stalin y la hipótesis de Popper se corrobora en el acto. Que Hitler y Stalin hayan sido capaces de edificar los Auschwitz y los Gulags lisa y llanamente eriza la piel. También los Estados Unidos, considerados el emblema de la democracia capitalista moderna, fueron gobernados durante el siglo XX por “destacados” delincuentes internacionales, verdaderos criminales de guerra, uno de ellos galardonado en 2009 con el Premio Nobel de la Paz y que el 23 y 24 de marzo estará en la Argentina. Harry Truman ordenó el ataque atómico contra el imperio del Japón provocando la muerte a centenares de miles de inocentes, muchos de ellos niños y ancianos. Estados Unidos ha sido el único país de la tierra que fue capaz de cometer semejante atrocidad. Pero Truman no está solo en esta lista de delincuentes internacionales que llegaron a la Casa Blanca. Me vienen a la memoria dos “personajes” como Lyndon Johnson y Richard Nixon, que no dudaron en enviar a la muerte en territorio vietnamita a miles y miles de soldados. Más acá en el tiempo, no queda más remedio que hacer mención a George W. Bush, uno de los presidentes más espantosos de la historia de los Estados Unidos. El atroz ataque contra las Torres Gemelas en 2001 (un hecho que jamás fue esclarecido) fue utilizado por este energúmeno para legitimar lo que el complejo militar-industrial-financiero tenía en mente: invadir a Irak para apoderarse de su petróleo. La invasión a ese milenario país destruyó la vida de millones de personas, la mayoría de ellos civiles. Para colmo, G.W. Bush no dudó un segundo en mentirle al mundo al acusar a Saddam Hussein -otro criminal de guerra- de poseer armas químicas y de estar vinculado con Osama Bin Laden, el supuesto cerebro del atentado del 11 de septiembre. Su sucesor, Barack Obama, se presentó ante la opinión pública mundial como el gran pacificador. Durante sus ocho años como presidente de los Estados Unidos, la inseguridad y el terrorismo aumentaron de manera geométrica. Basta mencionar su apoyo a la destrucción de pueblos enteros como el libio y el sirio para catalogarlo como un criminal de guerra. Pero sería injusto olvidar a otro gran criminal de guerra, un gobernante frío y letal, que ejerce el poder sobre un inmenso territorio desde hace varios años: Vladimir Putin. Su cruzada contra el terrorismo checheno lo acercó a Occidente hasta que decidió anexar Crimea. Por último, cabe mencionar a aquellos presidentes europeos que fueron obsecuentes de los Estados Unidos a partir del 11 de septiembre, legitimando la política exterior criminal de la república imperial: José María Aznar, Rodríguez Zapatero, Mariano Rajoy, Angela Merkl, Nicolás Zarkozy, François Hollande, Tony Blair, James Cameron y otros menos relevantes.

Efectivamente, la historia del poder político es la historia de los delincuentes internacionales que llegaron al poder para satisfacer sus ambiciones ilimitadas de poder y para dar rienda suelta a su instinto criminal.

Hernán Andrés Kruse

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4 comments for “Popper y la clave de la historia

  1. 22M
    26/02/2016 at 4:25 PM

    Suscribo todo lo expuesto por Usted, pero también debería opinar acerca de las sectas mitológicas y agregaras; (a todas), ya que sirven de sostén a los gobiernos criminales.

    “El Loco M”

  2. LUDWIG HEINRICH EDLER VON MISES
    27/02/2016 at 12:18 AM

    POPPER ERA KEYNESIANO ..NO CREIA EN LA ECONOMIA DE MERCADO…MAS BIEN TODO LO CONTRARIO ..UN POCO CONTRADICTORIO SU PENSAMIENTO PORQUE EL QUE HUYO DEL NAZISMO …SIN EMBARGO APOYABA LA INTERVENCION DEL ESTADO EN EL LIBRE FUNCIONAMIENTO DEL MERCADO Y COMO CONSECUENCIA EN LA SOCIEDAD LIBRE

    • pablo
      27/02/2016 at 8:46 AM

      Popper era un salame. Esta nota es para niños de 2 años. MUY NAIF.
      Justamente la historia demuestra implacablemente que el ser humano es así, las guerras generalmente son necesarias o en todo caso inevitables, porque está en la naturaleza del ser humano. Ovbio que uno quiere que todo sea color de rosas, pero el mundo nunca lo fue ni lo será, es parte de la condición humana.
      Vietnam? jajaja andá ahora a preguntarle a los vietnamitas o mejor aún a los coreanos del sur si preferían que los invada EEUU o los gobierne el comunismo sovietico. HOY corea del sur es un país del primer mundo en serio, con niveles de vida, orden y desarrollo inimaginables en la argentina actual. Empresas nro 1 del mundo son Coreanas, como Samsung, LG, o montones más, automotrices como Hyundai, etc. Organizaron con éxito una de las mejores olimpíadas de la historia, los extranjeros que fueron no podían creer el nivel tecnológico y desarrollo que tiene Corea, país invadido por estados unidos en los 60. Todavía hoy hay bases militares de EEUU en Corea. Por otro lado, corea del norte…. bueno, tiene a un gordito fantoche, una especie de máximo kirchner sin el cerebro quemado por la droga, pero medio boludo al fin por naturaleza que mantiene en el atraso y la opresión a toda corea del norte.

      Hay miles de ejemplos en la historia, y si un país quiere la paz, debe estar preparado para la guerra.

  3. Horacio Obaya
    28/02/2016 at 12:05 PM

    Tal vez, si nos basamos en el simplismo de la nota (a Popper o cualquier otro pensador equivalente no se lo puede citar sólo desde un artículo, tomando pequeñísimos conceptos insertos en su pensamiento), y para proseguir con la sencilla línea esbozada, deberíamos condenar y colocar a Truman en un sitial preferencial entre los criminales históricos. En efecto, autorizó los únicos ataques nucleares a poblaciones civiles, mismos que nos sumieron en el “terror atómico”. Pero, ¿analiza el autor de la nota contra quien fue el ataque?
    El imperio japonés, con un pueblo que endiosaba a su emperador, ¿era un santuario de paz dentro de un mundo en guerra? El costo en vidas humanas que implicaba continuar una guerra convencional, aún con las mayores posibilidades de triunfo, contra un país que no se rendiría sino hasta su completa y casi individual derrota, ¿no fue uno de los motivos esenciales para concluir el conflicto? Y conste que la medida final, el costo humano, la brutalidad de los golpes infligidos tuvieron un alcance no repetido.
    ¿La Unión Soviética, -dirigida por el siniestro Stalin- debería haber ofrecido ofrendas a la Alemania Nazi, después del sufrimiento sufrido por el pueblo ruso a manos de las huestes hitlerianas? Stalin fue criminal hacia adentro y hacia afuera y su régimen fue exportado en la posguerra y encuentra hasta hoy (como el nazismo) cultores fanatizados. ¿Son ellos también, por adorar a aquellos asesinos, susceptibles de ser tildados de criminales o, por lo menos, cómplices?
    Hoy, cuando muchos reclaman recibir en sus países a los refugiados musulmanes por razones humanitarias, ¿pueden estar seguros que dentro de esos gruesos contingentes no se ocultan innumerables terroristas, listos para inmolarse en nombre de su religión, fanatizados en su innegable ignorancia por criminales degolladores? La tolerancia que se pide para con ellos, ¿encuentra correlato en quienes, huyendo de otros que sustentan su mismo credo, para con quienes los reciben por humanitarismo o pretenden extender sus creencias en los países receptores?
    Por supuesto que hubo, hay y habrá intereses superlativos que ignoramos, por provenir de un poder tan absoluto que no es de tan sencillo dominio público. Y esto queda por fuera del conocimiento colectivo, Popper incluido.
    Pablo opina con cierta certeza, manifestando que aquellos países donde Estados Unidos intervino, a veces con una violencia feroz, hoy tienen una forma de vida que supera a la de nuestro país, donde al parecer podemos calificar a otros como criminales.
    ¿Es quizás el pueblo argentino (ese “crisol de razas” que integramos los nativos de nuestro país, a pesar de hallar a cada paso conductas racistas a montones) quien puede elevarse por sobre el pensamiento de otros, aduciendo quienes deben considerarse criminales, cuando nuestra historia es la que es, aún en su brevedad?
    Veamos un ejemplo que ni se arrima a la nota que origina nuestros comentarios: ¿nos “animamos” siquiera a calificar a un gobierno saliente con la severidad que sería justa y necesaria o, “por las dudas”, nos quedamos callados y “miramos para adelante”, para “salir de las crisis”? Opino que no, y eso es lisa y llanamente cobardía o, quizás, manos sucias.
    La Historia es la sumatoria de los hechos, pero en su inmensidad, por supuesto, escribir la de un sólo día a nivel planetario insumiría recursos y tiempos inconmensurables.
    Además, siempre estará teñida de la tendencia personal, del color que nuestra propia historia ha marcado en nuestras vidas individuales y aún de la condición mental de cada uno, lo que se da en llamar cultura y la mismísima inteligencia heredada.
    Así, la Historia es, a mi ver, un enorme, interminable y a veces hasta innecesario comentario que es usado, por aquellos que muchas veces no aparecen como protagonistas de ella, sino que desde las sombras manejan y manejarán los destinos colectivos de la especie humana que, como cita Pablo en su exposición, “es así” y así continuará, esperanzada incluso (como citara Nietzche: “La esperanza es el peor de los males, pues prolonga el tormento del hombre”) en que algo o alguien por fin nos encauce en una ruta donde dejemos de dar a luz criminales, pequeños y masivos,
    Temo que ello no ocurrirá, por lo que seguiremos volcando opiniones, con temor, tratando de poner a salvo nuestro lastimada comprensión.

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