Por Enrique Guillermo Avogadro.-
“Se suele decir que la historia la escriben siempre los vencedores, pero en el caso de la guerra civil … quienes más la han hecho han sido los simpatizantes de los perdedores”. Antony Beevor.
En el marco de la Asamblea General de la ONU, una organización que ha perdido toda relevancia, quien dio una magnífica lección que debiera dar vergüenza a varios de sus homólogos de la región – Javier Milei incluido – fue Keiko Fujimori, Presidente de Perú, un país que – en su caso, a través de Sendero Luminoso – sufrió la misma salvaje agresión que Cuba desató contra tantos países latinoamericanos – la Argentina padeció a Montoneros, ERP, etc. – buscando exportar su revolución comunista. En su magnífico discurso de sólo quince minutos (https://me-l.co/zpyibbsu), esta notable mujer revindicó sin ambages a quienes tuvieron que asumir, por orden del Estado peruano, la penosa tarea de derrotar al terrorismo, y se lamentó porque, después de décadas, muchos de ellos se encuentran aún presos por la clara violación del principio del debido proceso, tal como aquí sucede.
En este momento, cuando la fuerza se impone a la negociación y al acuerdo entre países y todo el sistema comercial – que ha permitido a tantos millones de seres humanos salir de la pobreza y extender la expectativa de vida – ha saltado por el aire a fuerza de bombazos, resulta innegable que la ONU carece de capacidad de evitar conflictos. Su Consejo de Seguridad tiene cinco miembros permanentes – los vencedores de la II Guerra Mundial, o sea Estados Unidos, China, Rusia, Francia y Gran Bretaña – con derecho a veto, más diez temporarios; es decir, su composición ya no responde a la realidad actual, ya que los dos últimos han dejado de ser relevantes pero conservan su capacidad de bloquear las decisiones generales cuando chocan contra sus intereses particulares.
Su Asamblea anual, hoy sólo es un atril frente a un auditorio casi siempre vacío, desde el cual cada mandatario nacional expone su política e intenta convencer a los demás de la rectitud de sus objetivos, mientras despotrica contra sus enemigos circunstanciales. La celebrada esta semana en Nueva York no fue una excepción, sobre todo cuando Donald Trump la utilizó para amenazar, una vez más, a Irán con desatar el Apocalipsis y volverlo a la Edad de Piedra si no cede a sus exigencias respecto al tránsito en el Estrecho de Ormuz y sus existencias de uranio enriquecido.
Milei formuló el reclamo por las Malvinas, algo habitual, en un momento en que la decadencia del Reino Unido, que seguramente comenzó con el Brexit, luce como irreversible; su Primer Ministro, Andy Burnham, es el noveno que ocupa el cargo en este siglo y los últimos cinco duraron menos de tres años cada uno. Hoy Gran Bretaña se enfrenta a un incipiente movimiento independista desde Escocia, Gales e Irlanda del Norte; a partir de ahora, deberá abandonar su absurda posición sobre la autodeterminación de los “kelpers” para sostener su ilegal ocupación de las islas australes, ya que el argumento será utilizado por quienes, en su propio archipiélago, ahora quieren dejar de ser británicos.
El hecho más relevante fue la visita de Estado de Xi Jinping a Washington, donde Trump lo recibió con extremos honores. Pese a que, al menos hasta ahora, no ha trascendido sobre lo tratado, es indudable que abarcó las regulaciones a la AI, los aranceles, las guerras en Ucrania y el Golfo Pérsico y la situación de Taiwan. En el primero, debemos recordar que Beijing controla gran parte de los materiales críticos y dispone de la capacidad científica necesaria para avanzar; allí está la razón de la negativa del magnate a establecer controles a las empresas de EEUU, a contramano de los pavorosos avisos que ellas mismas han dado al respecto.
China ha contribuido a evitar una gravísima crisis del petróleo al limitar, voluntariamente, sus compras a Irán y apelar a sus reservas estratégicas, y está presionando a todos los contendientes para que pongan fin a los conflictos bélicos, que complican el tránsito de mercaderías en sus rutas marítimas. Es claro su apoyo al creciente universo de los BRICS – más del 50% de la población mundial – que busca, mediante el uso de sus propias monedas en las transacciones entre sus miembros, competir con el monopolio del dólar – y del sistema SWIFT – en el comercio internacional. Suena razonable que Xi actúe de este modo porque pretende regir, con sus Franja y Ruta de la Seda, el aún incipiente “Sur Global”.
Con respecto a Taiwan, cuya anexión es fuertemente resistida por Japón y Filipinas, el líder chino ha logrado una cesión algo extraña: EEUU suspendió la venta de material bélico – aviones y misiles – a la acosada isla por un monto de US$ 14.000 millones, amén de retirar del Pacífico Sur los sistemas defensivos que protegían a sus aliados (ambos, más Sur Corea) para trasladarlos al Océano Indico por su conflicto con Irán. En resumen, Trump ha tratado y, consecuentemente reconocido, a Xi como un igual, confirmando la gran novedad de este siglo: la bipolaridad.
Pero no debemos perder de vista el escenario mundial, en Europa y Medio Oriente. Veo casi inevitable la derrota de Ucrania que, como mínimo, se traducirá en la pérdida del territorio ocupado ya por Rusia, sobre todo el Donbass, donde se encuentran los mayores yacimientos de tierras raras. Y es que la sangría humana, aunque sea mayor en las fuerzas de Vladimir Putin, y la falta de apoyo de EEUU en material bélico e inteligencia, convertirán en imposible la resistencia de Volodimir Zelensky aunque la OTAN lo respalde.
Los ataques entre los hutíes yemenitas, respaldados por Irán, y Arabia Saudita, no sólo aliada de EEUU sino integrante de un nuevo pacto defensivo con Turquía y Paquistán, están poniendo cada vez en mayor riesgo el gasoducto este-oeste que busca eludir los problemas causados por el cierre de Ormuz y el tráfico por el estrecho de Bar-el-Mandeb, donde también juegan los piratas somalíes que, desde el Cuerno de Africa, tienen enorme experiencia en el secuestro de buques y tripulaciones para la obtención de rescates.
Como se ve – y los avisos de la CIA sobre la posibilidad concreta de ataques rusos contra Italia, Francia e Italia, no permiten olvidarlo – seguimos viviendo sentados sobre un volcán, aunque confío en que, finalmente, prevalecerá el raciocinio en los liderazgos de las grandes potencias.
Deja una respuesta