Por Ricardo Bustos.-
Tener o no la posibilidad de adquirir dólares es una cuestión que a los argentinos nos produce cosquillas en el pecho y no precisamente por felicidad.
Mientras millones de ciudadanos hacen cuentas para ver de que manera pueden hacer frente a sus deudas que todos los días se indexan por obra y gracia de una economía que no encuentra el curso, en la otra vereda y por un fanatismo desmedido que no toma en cuenta la debilidad de los presupuestos hogareños cuando pasa la emoción, miles hacen colas frente a las casas que venden electrodomésticos para tratar de llevarse a sus casas el Led, Smart o como se le llame a esos televisores gigantes que, muchas veces no tienen espacio en los reducidos departamentos donde habitan sus adquirentes. El tema es que llega el mundial de fútbol y para muchos, queda acá a la vuelta.
Basta con mirar la tele y observar el precio de estos aparatos visuales y ver la estética de quienes se convierten en pobres millonarios con esa caja «boba», para comprender que los argentinos estamos enfermos. Esta gente que no mide sus futuras consecuencias económicas, quizá sea parte de la misma que, ante el aumento de las tarifas, salieron con cacerolas a las calles a protestar por semejantes desmedidos y violentos aumentos.
Todos los meses aumenta el combustible, pero se batieron récords en la venta de automóviles que todos sabemos, no fueron adquiridos de contado, por lo tanto, demuestra que es la clase media quien se arriesga a pagar una cuota muchas veces difícil de enfrentar si en sus vidas cotidianas surge algún problema familiar que obliga a derivar parte de su presupuesto a otros menesteres.
Cuotas de 300 o 400 mil pesos, mas el seguro, service obligatorio en la concesionaria que no baja de los $ 500.000. A todo ello, debemos agregarle el combustible porque con aire solamente un automóvil no funciona.
Los celulares que se venden hoy, en su gran mayoría superan el $1.000.000 y los vemos en las filas de los cajeros de aquellos que van a cobrar los planes sociales, cuyas motos nuevas de 4.000.000 o 5.000.000 de pesos les esperan en la calle y sus cuotas son bastante saladas.
A todo esto y como contrapartida, cada día se consumen mas fideos, pizza o pollo porque no les alcanza para comprar carne o verduras, tan necesarias para una dieta nutritiva. Romantizan al «Reviro» como la panacea de los niños.
Los médicos están advirtiendo sobre la cantidad de niños desnutridos ya no en las clases sociales mas vulnerables, sino en aquellas donde la audacia ha llevado a la ilusión de querer convertir sus vidas en una de millonarios , quien cuenta con los medios suficientes para poder hacer frente a estas y otras deudas mas importantes.
Hay personas de pocos ingresos que no se reconocen a sí mismos como miembros de la clase baja.
Saber cuales son los límites de nuestros presupuestos, nos permite contar con las herramientas necesarias para no caer en la tentación de adquirir productos como un televisor que solamente utilizaremos durante el desarrollo de un mundial de fútbol o un automóvil cuyo valor excede nuestra situación cotidiana y ni hablar de los celulares que todos los días aparecen con alguna novedad que atrapa a ricos y pobres.
Así las cosas, Argentina se está convirtiendo en un país de expectativas mentirosas dentro de las economías familiares y las consecuencias las estamos viendo todos los días.
El 31 por ciento de los argentinos , aunque tienen un bajo poder adquisitivo, se identifican con la clase media como una aspiración, algo que todos sabemos es un anhelo o simplemente expresión de deseo.
Mientras tanto y ajenos a la realidad , los padres continúan comprando ropa de marca a sus hijos, lejos de reconocer que de esa manera los enfrentan a sus pares que tienen otro poder adquisitivo, generando angustias y desilusiones con consecuencias graves para sus estados de ánimo que, siempre terminan en fracasos emocionales que se pueden evitar si les decimos la verdad a la hora de sacar las cuentas sobre lo que puede o no gastar el grupo familiar con los medios que cuentan.
«¿De qué sirve brindar a los hijos todos los caprichos, si no les brindamos una verdadera familia?» S. Biffi.
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