Por Luis Alejandro Rizzi.-

La guerra de Medio Oriente, si bien es militar y tiene nombre y apellido, es la guerra de Benjamín Netanyahu y Donald Trump, que tiene a sus propios países como rehenes, tiene también consecuencias tanto o más graves, que es la inestabilidad de los mercados y el impacto en la economía mundial, que paradojalmente parecería beneficiar a países ajenos al conflicto, como Rusia, mejor dicho Putin, y perjudicar a Ucrania y a Europa.

Es cierto, no es “nuestra guerra”, como se dice en la Unión Europea, pero se ve afectada y la eventual caída de Ucrania podría ser un golpe fatal para su futuro, que la convertiría en un destino turístico, testigo de una cultura que fue.

La guerra está del lado de Trump y Netanyahu, porque no la pueden terminar de modo unilateral, porque el objetivo militar de Irán es desestabilizar la economía mundial y eso lo están logrando, ya que la economía es siempre miedosa.

Larry Fink le decía al diario El País: “Es una pregunta difícil de responder. Dependerá de cuánto dure el conflicto. Ahora bien, si la guerra termina, ¿significará que Irán deje de ser un país que exporte hostilidad y propague inestabilidad a toda la región? ¿O continuará financiando a Hamás, Hezbolá o a los hutíes? Hay diferentes escenarios con consecuencias muy distintas para la economía mundial.”

Fatalmente esta guerra podría tener un “fin” militar, pero es imposible definir un escenario económico.

Esta es, en definitiva, la carta de Irán, una suerte de “caja de Pandora” que abrieron Netanyahu y Trump, ahora imposible de cerrar.

Diría que Trump y Netanyahu globalizaron la inestabilidad. y la calidad del dólar como moneda universal

Lo que no es bueno.

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