Por Carlos Tórtora.-

El gobierno está llevando adelante una nueva estrategia para licuar el escándalo de Adorni y conseguir que pase a segundo plano. El plan tendría dos etapas: la primera, como explicó el propio Javier Milei, consiste en crear la expectativa de que, con la presentación de la nueva declaración jurada de Adorni, quedará debidamente aclarado el origen de los US$ 800.000 de gastos que hasta ahora se le están comprobando a aquél en los últimos dos años. Para empezar, si el jefe de Gabinete hubiera cumplido correctamente con sus declaraciones juradas, no podrían aparecer ahora ingresos de varios años atrás, porque esto sería una grave inconsistencia patrimonial y favorecería la presunción de que el funcionario está fabricando ahora supuestos ingresos viejos para eludir sus responsabilidades por su presunto enriquecimiento ilícito.

Por ejemplo, circula la versión de que se estarían inventando importantes ingresos de la esposa de Adorni, Betina Angeletti, que figura como monotributista y que, en caso de reconocer que tuvo importantes ingresos, quedaría incursa en el delito de evasión.

Con relación a Adorni, heredó en el 2016 un departamento en La Plata que era de su padre, que ahora puso en venta y un tercio de un terreno también en La Plata. Mal podría decir entonces que con el monto obtenido por el departamento pagó sus enormes gastos, por cuanto el mismo todavía no se vendió.

La propiedad en cuestión se encuentra tasada en US$ 95.000.

Parece obvio entonces que el show de la declaración jurada no sería otra cosa que un bluff, un montaje para ganar tiempo. Y probablemente Patricia Bullrich esté apuntando a capitalizar políticamente este inminente nuevo papelón del gobierno, ya que al intimar a Adorni a que presente su declaración jurada está de algún modo insinuando que la misma no explicará nada.

Por fin, la Scaloneta

Ahora bien, la primera etapa del plan sería ganar entonces varias semanas más con la expectativa ilusoria de la declaración jurada. ¿Y para qué todo esto? Para ir llegando al 11 de junio, cuando el inicio del Mundial captaría la atención pública y el caso Adorni perdería la mayor parte de su importancia. Y si la selección llegara a la final, mejor todavía. Diluir el escándalo de Adorni mediante el Mundial probablemente no haga que el gobierno suba en las encuestas, pero sí podría disminuir algo la actual tensión política, el malestar del Círculo Rojo y la presión mediática.

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