Por Luis Alejandro Rizzi.-

Es difícil entender a Milei en su defensa de “Adorni”, su pésimo “adorno”, que pone en evidencia que, entre otros vicios, carece de “buen gusto”.

Desde que comenzó esta historia del mal gusto político del gobierno, no sólo en la elección de algunos de sus funcionarios y en la ponderación del ejercicio de las funciones, sino asimismo en sus expresiones soeces y agraviantes, su incapacidad para dialogar y menos debatir, la valoración social fue variando, pero ahora parece estar en pleno descenso.

Además, se suma su ineficacia, falta de gestión, subejecución presupuestaria, su dogmática idea sobre la virtud del equilibrio fiscal, que se debe ponderar no por la diferencia entre ingresos y egresos sino en la calidad del uso de los recursos.

El mileísmo tuvo la fugacidad de lo efímero, la debilidad de la superstición y la fantasía de la fe en la disrupción, que no deja de ser un sofisma en el que se confunden las medias verdades con los milagros de la infalibilidad.

Me animo a decir que desde 1983 este gobierno conformó uno de facto, tuvo la misma adhesión inicial de todo gobierno militar desde 1930 a 1976, se creyó que con medios perversos se podían lograr fines nobles, olvidando aquello de que quien quiera los medios, quiere sus fines, o sus frutos podridos.

Su “des”gobierno fue la peor de una neurosis y psicosis surrealista que hizo creer y convenció a muchos que la exactitud de las matemáticas, tenía o tiene el valor de una verdad de razón o apodíctica, cuando a lo sumo no pasaría de ser una verdad asertórica.

En un buen gobierno seguramente cualquier resultado fiscal será bueno, y en un mal gobierno un buen resultado fiscal puede resultar una maldición o pesadilla real, como ocurre con Milei.

Ningún economista de los que se solazan con las cuentas públicas analiza las consecuencias del resultado que celebran, son los “sabios bárbaros” de Ortega o los “idiotas útiles”, que atribuimos a Lenin o, como los llamo yo, “imbéciles alegres”, aunque también les cabría la expresión de “ñoños económicos”

Ahora, ya superado el efecto Mandrake de “Bessent” del 9 de octubre pasado, Milei largaría un “superRIGI””, una suerte de outlet de la prostitución política.

Recurriendo al lenguaje coprológico de Milei, el «superRigi», no es sólo bajarle el precio a su “culo”, con el suyo puede hacer lo que quiera, pero no a la Argentina, por eso decimos al inicio, ahora Milei está condicionado a sus propios pedos…

Horacio Ferrer escribió esta introducción o prólogo a su tango “La última grela” que termina así

«…Alguna se enamoró de aquel bandoneonista y, por amor, ganó

…Para otras la derrota fue mucha

“Terminaron atendiendo el guardarropa de damas en esos mismos cabarés

“Acaso se marcharon todas juntas un día

“Como si fueran una pequeña y extinguida raza con “ojeras».

“Este tango relata a la última de las grelas

“Descubre su definitivo paso por el asfalto recién “amanecido» de una Buenos Aires espectral lo cuenta así…”

Lo podría haber escrito para Javier Milei y su hermana… No dieron con el bandoneonista…

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