Por Carlos Tórtora.-

En el Senado, en medio de una compleja negociación, el oficialismo pretende bloquear la interpelación para pedir la moción de censura a Manuel Adorni que impulsa la oposición. La intención del gobierno es que Adorni simplemente el 2 de julio haga su informe de gestión ante el Congreso. Obviamente, la moción de censura es un rechazo a la gestión de aquél, que es leída como un paso intermedio hacia su remoción. Es así que todos los que intervienen en el tema dan por sentado que para remover a Adorni primero hay que aprobar la moción de censura.

Ahora bien, esta premisa es falsa. El artículo 101 de la Constitución establece que el Jefe de Gabinete «puede ser interpelado a los efectos del tratamiento de una moción de censura». Y en un párrafo distinto afirma que «puede ser removido por el voto de la mayoría absoluta de los miembros de cada una de las cámaras».

Las frases y los requisitos están claramente separados y no surge en absoluto del texto constitucional que para remover al jefe de gabinete primero haya que aprobar una moción de censura. Podría entonces perfectamente votarse directamente la remoción sin aprobarse previamente la moción de censura.

Así opinan la mayor parte de los constitucionalistas que analizaron el tema. Por ejemplo, Gregorio Badeni sostiene que la Constitución distingue claramente entre la facultad de censurar y la de remover.

Por su parte, Germán Bidart Campos analiza la censura y la remoción como dos mecanismos diferentes de control parlamentario. De esto surge que la remoción tiene una regulación propia y que no está subordinada en modo alguno a una censura previa.

Por último, María Angélica Gelli destaca la separación entre las distintas atribuciones legislativas previstas en el artículo 101.

No habiendo ningún caso hasta ahora de censura ni de remoción, lo que cuenta sobre todo es entonces la opinión de los juristas.

Un enigma a resolver

Como es obvio, la oposición no puede ignorar que la Constitución no obliga a aprobar la moción de censura como paso previo a la remoción y que ésta puede votarse directamente. La oposición eligió sin embargo el camino más largo y más difícil. Explicaciones políticas probables hay varias. Una es que no haya en realidad una intención final de remover a Adorni sino sólo de hacerle sentir a Javier Milei el peso del Congreso pero sin ir a fondo.

Otra explicación es que en el mosaico opositor en el Congreso habría más de un bloque que sin duda votaría la censura pero que no llegaría aprobar la remoción.

Una tercera explicación apunta a que, si se lo remueve a Adorni, el gobierno denunciaría a los legisladores como golpistas y los haría responsables de todos los males económicos que devengan de una crisis institucional. Y unos cuantos opositores preferirían no quedar en esta postura. Sobre todo el PRO y los radicales, que no son opositores sino oficialistas en crisis.

En síntesis, la elección opositora del camino de la moción de censura en vez de ir directamente por la remoción, pone en duda que haya una clara voluntad de llegar a esta última. Por último y como es obvio, en el Congreso todos tienen un ojo puesto en lo que haga Ariel Lijo, que es el único que puede inclinar la balanza.

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