Por Carlos Tórtora.-
La habitual paranoia presidencial puede brotar con fuerza esta semana, porque la realidad le da motivos. Karina Milei estaría convencida de que Patricia Bullrich le ocultó deliberadamente que la senadora salteña Flavia Royón no iba a votar por la extranjerización de tierras. ¿Con qué intención? Para provocar que Milei tuviera que retirar esa parte del proyecto y saliera así derrotado -lo que ocurrió- aumentando así las chances de Bullrich de ser candidata a presidente.
Pero la situación es bastante más grave, porque la otra mujer que controla el Senado, Victoria Villarruel, acaba de capitalizar su oposición a la ley de tierras y también quiere ser presidente. En síntesis, Karina tiene que luchar en dos frentes en el Senado y tiene entonces el fracaso asegurado.
La segunda crisis es más explícita: la liga de gobernadores dejó de ser un rebaño para convertirse en una jauría. Diego Santilli quedó sobrepasado por los hechos ante la movida de Hugo Passalacqua, Rolando Figueroa, Osvaldo Jaldo y Gustavo Sáenz contra la extranjerización de la tierra. En la Casa Rosada ya nadie cree que los gobernadores se dividen en duros y blandos y más bien piensan que se trata de un juego acordado para doblegar al gobierno.
Estaríamos así en un punto de inflexión. Con excepción de Alfredo Cornejo y Rogelio Frigerio, los gobernadores están dejando de ser aliados de Milei para pasar a independientes. Días atrás, el riojano Ricardo Quintela desafió diciendo que el próximo gobierno peronista va a nacionalizar y a expropiar lo que corresponda. Ninguno de sus pares lo cuestionó.
Por último, el actual renacimiento del poder político de las provincias es también un mensaje para Axel Kicillof, que deberá conceder -y mucho- para tener el apoyo de las gobernaciones.
La venganza de Lula
La tercera crisis, por ahora silente, es la que sufre la política exterior. Milei está en plena gira latinoamericana como preparación de su convocatoria a una cumbre de presidentes de derecha de la región, que él presidiría como una especie de delegado de Donald Trump en Latinoamérica. Pero con bajo perfil, Itamaraty, la mejor diplomacia de América Latina, estaría tendiendo sus hilos para frustrar el plan de Milei. La venganza de Lula da Silva por los insultos recibidos pasaría por convencer a los gobiernos de Chile, Bolivia, Perú y Paraguay de que, si se suben al carro de Milei, empeorarían sus relaciones con Brasil. Aparte, la idea de presentarse como seguidores de Trump no contaría con consenso suficiente ni siquiera entre algunos presidentes de derecha. Así es que para salvar su proyecto, Milei necesitaría que el 4 de octubre Flavio Bolsonaro sea electo presidente de Brasil.
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