Por Luis Alejandro Rizzi.-
En la vida nos encontramos a diario con la hipocresía y el cinismo, fingir cualidades de las que se carece y desvergüenza en el mentir, siguiendo al diccionario de la RAE.
No es tan común encontrar hipocresía y cinismo a la vez, pero su mejor ejemplo es el gobierno de Javier Milei, que no tiene súbditos ni obsecuentes, sino “secuaces”, personas que se enorgullecen de sus vicios.
Todo indica que Javier Milei y el Toto “alias” Caputo son secuaces en el arte de cultivar y exhibir vicios como son su hipocresía y su cinismo.
Santili -jefecito de ministros-, resultó ser el tipo del “sombrero largo” de la chacarera del Chango Rodríguez, que dice entre sus versos:
“¡Qué lindo es vivir soltero,
No tener mujer a cargo;
Para que nadie le diga
Adiós che sombrero largo!”
En una declaración, ante una pregunta de un periodista, evitó responder, para no demostrar que “usaba sombrero largo”, y que habría sido el último en enterarse…
Lo “deschabó” Patricia Bullrich, que no sé qué nivel de academia tiene, pero le sobra calle, y Santili quedó en el lugar más desdoroso, no fue el último en enterarse, lo supo de siempre, era consciente.
Así es la gente de Milei, y así es su refinada crueldad y sadismo. ¿Acaso Milei y Caputo pensaron y creyeron que “todos somos tontos”, y que el congelamiento de la AUH y de la discapacidad pasarían de modo inadvertido?
Encuentro un solo epíteto para calificarlos, así se comporta la mala gente, y demuestran de modo desvergonzado serlo.
Eso explica que una de cada tres mujeres rechacen a Milei, ya que la sensibilidad femenina tiene el poder de la seducción, pero también de la repugnancia.
Milei está expuesto para que uno, el suscripto, en esta nota, lo agravie con sus mismas palabras, lo que me eximiría de la injuria, pero no es la injuria el medio idóneo para enfrentarlo, en todo caso, es mejor la piedad y compartir la vergüenza, como aquello de, no sabe lo que dice, no es más que un tipo de Siruela, si se quiere un farsante en decadencia.
Patricia Bullrich nos dice: “Milei está desnudo” o, como lo dijo Tato Bores en su monólogo dos mil, “como los indios que se golpean el codo, en bolas y a los gritos…”
Esta vez no fueron 14 toneladas de piedras, fueron 14 toneladas de insultos que lo están sepultando, sin piedad…
Sólo nos queda pedir que ningún dios lo ampare, la caridad no puede llegar a tanto…
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