Por Luis Alejandro Rizzi.-
“Relató que los fieles le transmiten su preocupación por “las cosas que aumentan” y que dan bronca “los hechos de corrupción”. “Da bronca”, dijo, “saber que hay una clase dirigente que a veces está lejos de lo que le pasa a la gente”. Crónica del diario La Nación del diálogo que mantuvo Jorge García Cuerva con la prensa en San Cayetano.
En nuestra anterior nota, hablamos de la distancia existente entre el poder político y la gente.
Cuestión que abordó el arzobispo de Buenos Aires García Cuerva ayer luego de leer su homilía en el día del Santo.
Esa distancia que existe entre la dirigencia, no sólo política, y la gente; es una de las cuestiones que ni la cultura ni la política logran resolver.
Más bien parecería lo contrario, las dirigencias se sienten mejor lejos de la gente que cerca.
Conviene aclarar que lo mismo pasa con las clases o segmentos sociales más favorecidos, que consideran la generosidad un vicio y la solidaridad un sentimiento antiguo incompatible con las formas de vida modernas.
La inviolabilidad de la propiedad se convierte en un derecho absoluto que toleraría la ilicitud de su ejercicio abusivo.
Esos segmentos consideran que el trabajo es una mercancía cuyo valor depende de la oferta y la demanda, sin importar el concepto de dignidad y respeto que merece toda persona.
La supuesta empatía de los más favorecidos se limita a la hipocresía del lamento del sufrimiento del semejante. Decía el arzobispo García Cuerva: “…lamentarnos no resuelve nada, pero podemos ofrecer lo poco que tenemos, podemos ofrecer lo que somos. ¿Quién de nosotros no tiene sus “siete panes y algunos pescados”? ¡Todos los tenemos! Si estamos dispuestos a ponerlos en las manos del Señor, bastarían para que en el país haya un poco más de amor, de paz, de justicia, de alegría”.
En esta línea de intoxicación, avaricia e hipocresía libertaria, me resultaron repugnantes las declaraciones del senador Joaquín Benegas Lynch justificando su intervención en el debate de la ley de tierras, cuando participa en la dirección de una sociedad -Glocal Terra- que se especializa en la venta y administración de tierras a extranjeros. Legislador en negocio propio.
Decía el senador: “Claro que el show mediático, el statu quo, la presión de la izquierda más rabiosa y la ignorancia de los tibios del medio nos llevan hoy lamentablemente a no poder votar este capítulo”.
También dijo: “Muchos somos los que venimos del sector privado”, entonces se preguntó: “¿El que exporta no podría votar un tratado (entre países)? ¿El abogado, cuando votamos el Código Procesal, que no vote? ¿El médico cuando tratamos temas de salud mental?”
Ese senador de LLA dejó bien en claro la distancia que existe entre el gobierno y la gente.
Mas allá de todo, Joaquín Benegas Lynch pretendía legislar en su beneficio, un proyecto del “coloso” del disparate, que tuvo su segundo “28 de diciembre” en una semana de agosto, la cuestión de los prácticos y la ley de tierras.
Entretanto, el gobierno insiste, la “morosidad” es un problema de privados, entre privados, como la caída del empleo registrado, el empobrecimiento general de la sociedad y la falta de inversión.
En fin, es otro modo de insultar.
Los que no pensamos como el gobierno somos tarados, ¿debemos asumirlo?
Pero tenemos derecho a pensar que lo de Adorni no fue una excepción, lo de Benegas Lynch -Joaquín- es más sofisticado, pero… ¿no es peor?
- Lo insólito, vean lo que respondió el canciller Pablo Quirno a una pregunta de Eduardo Feinmann.
– Si un extranjero quiere comprarse un pueblo entero o una provincia entera, ¿tranquilamente podría hacerlo? Pregunta el “periodista” Feinmann.
– Y sí, pero es beneficioso para el país.
Pienso que el canciller quiso decir otra cosa, pero es lo que dijo
¿Será una fake news?, merecería serlo.
Existe el antecedente de Valle Hermoso, en la Provincia de La Rioja, como lo explicó “Infobae”: “Un pueblo argentino fue vendido junto con sus tierras, casas, escuela, capilla, puesto sanitario y fuentes de agua. Valle Hermoso, en la provincia de La Rioja, formó parte de una operación inmobiliaria que involucró a un inversor estadounidense, quien en 2008 adquirió 200.000 hectáreas que incluían la totalidad de la comunidad y los recursos de la zona. El caso quedó como un antecedente clave para comprender el origen de la Ley de tierras.”
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