Por Carlos Tórtora.-
Cuando se establece una relación entre una elección provincial y los comicios nacionales hay que ser prudente. Algunos de los que votan para cargos locales pueden votar de otra forma cuando eligen presidente. Pero cuando la tendencia es abrumadora no se la puede ignorar. En este sentido, el resultado de las elecciones municipales de este domingo en Santiago del Estero es tan apabullante que afecta a la política nacional.
El Frente Cívico del gobernador Gerardo Zamora obtuvo el 66% y LLA el 8%. Hay números que impresionan. En La Banda, los libertarios consiguieron el 2,3% y en Frías el 4,7%. ¿Los candidatos de LLA fueron pésimos o la gente está castigando en realidad el ajuste de Javier Milei y Luis Caputo?
Los números de Santiago son un mensaje potente para los gobernadores amigos del gobierno. Si se dejan llevar por los cantos de sirena de Karina Milei y unifican la fecha de los comicios provinciales con los nacionales, corren el riesgo de que el rechazo popular les haga perder las gobernaciones. A partir de lo de Santiago, el desdoblamiento sería inevitable en la casi totalidad de las provincias. Y la alianza con Milei para la elección nacional de octubre ingresa en un cono de sombra.
Era lógico que Zamora, que controla la provincia, impusiera sus candidatos con una mayoría holgada. Pero que los candidatos de Milei no lleguen al 10% expresa que el experimento libertario está agotado.
En menos de una semana, dos gobernadores fuertes golpearon seriamente a la Casa Rosada: el primero fue el tucumano Osvaldo Jaldo, que anunció que desdoblará para el 9 de mayo. El segundo es Zamora, que acaba de aplastar a LLA.
El efecto más inmediato de la elección santiagueña podría darse en el Congreso, por ejemplo con la inminente votación del proyecto de ley de inviolabilidad de la propiedad privada. Ahora algunos gobernadores podrían retirar el apoyo al gobierno de sus legisladores.
El blanqueo
La catástrofe libertaria en Santiago gravitaría también en otro sentido: impulsa que empiecen a aparecer señales de que la reelección de Milei se va convirtiendo en una operación inviable. O, dicho en otros términos, que el Círculo Rojo necesita un candidato oficialista que sea ganador.
Así es que poco a poco se van instalando dos realidades políticas paralelas. El gobierno se aferra a su discurso triunfalista y continúa hablando de reelección como si no pasara nada.
Mientras tanto, los números del país real muestran una sociedad que está dando vuelta la página y que ya no escucha el relato oficial.
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