Por Luis Alejandro Rizzi.-

Es sabido que no sólo hay dos cargos vacantes en la Corte Suprema de Justicia, sino en decenas de tribunales inferiores.

Es obvio que el Poder Judicial es uno de los tres poderes que integran la “Autoridad de la Nación” y por lo tanto hacen a la esencia de la República.

Los tres poderes deben estar integrados a pleno, así como el Poder Ejecutivo tiene un vicepresidente y los legisladores, sus suplentes.

En cambio, en el Poder Judicial no hay jueces “suplentes” para los casos de vacancia, sino el instituto de la subrogancia, que implica que otro magistrado ocupa el lugar vacante de modo temporario hasta tanto se cubra. Es obvio que la ley debería fijar un plazo máximo para cubrir un cargo vacante, ya que de lo contrario el Poder Judicial funcionaría “rengo”, es decir incompleto.

Por ejemplo, es inconstitucional y un hecho de “mal desempeño” no presentar por parte del Poder Ejecutivo los postulantes para los cargos vacantes de la Corte, con la maliciosa excusa de esperar poder reunir una mayoría que le permita proponer jueces “subordinados” al gobierno y sus mayorías circunstanciales.

Las vacantes en los tribunales inferiores dificultan la prestación del servicio de justicia, y me animo a decir que se afecta la garantía del debido proceso, ya que todo habitante tiene derecho a ser juzgado por un juez natural, que no lo sería un “juez subrogante”.

El gobierno de Milei confunde discrecionalidad, que tampoco es absoluta, con arbitrariedad.

El Poder Judicial corre el riesgo de convertirse en un poder “dependiente”.

Otra cuestión, en un sistema republicano no debe haber funcionarios vitalicios en ninguno de los tres poderes de gobierno.

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