Por Luis Alejandro Rizzi.-

El domingo, a eso de las once, decidí escribir sobre el mundial de fútbol, que para mí terminó con el partido 103, porque toda final es “impensada”, siguiendo a Dante Panzeri.

La diferencia entre Argentina, Inglaterra y España en los sucesivos triunfos fue de sólo un gol, suficiente para decidir un partido, no un campeón

Por eso decía ayer que lo importante era el podio de los tres equipos que están, en mi opinión, en un plano de igualdad. Más de una vez pensé que, como en algunos premios “Nobel”, quizás se debería compartir el título.

Sin embargo, el profesionalismo del deporte impone la “agonalidad”; alguno debe ganar.

Yendo al partido 104, es cierto que España dominó y que tiró 20 veces al arco, pero también es cierto que hizo un solo gol en el segundo tiempo complementario y la Argentina en los minutos finales lo acorraló.

En el deporte profesional sólo vale el resultado y España hizo el gol.

Lo de los merecimientos es muy relativo, porque, si no hay gol, de nada sirven, a lo sumo como consuelo, como la diferencia entre casi se salva y casi se muere.

Lo que me ha sorprendido son los comentarios de la prensa, llegando el sensacionalismo a un título que decía “Futbol 1-crminales 0”.

Hubo otros que nos ponderaron con algo más de recato, para mal y, en definitiva, lo que uno puede ver es que, como país, y en eso cualquier recurso es lícito, no tenemos buena imagen ni merecemos respeto. Nuestros gobiernos lucen como malas caricaturas y más de una vez, como el actual, nos dejan en ridículo.

Pero, al margen de ello, lo que en el fondo puede haber es mucho de envidia.

En nuestro país, como otros de Latinoamérica, no existen problemas raciales, religiosos, aceptamos la inmigración, nos ofrecemos, “…y asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino, invocando la protección de Dios, fuente de toda razón y justicia, ordenamos, decretamos y establecemos esta Constitución, para la Nación Argentina”.

Con escasez de recursos ofrecemos salud y educación con acceso gratuito. Podría ser que algunos de nuestras cuestiones se deban a nuestra generosidad desmesurada.

No tenemos riesgos de guerra ni amenazas por rencores ancestrales, somos quizás con el resto de Latinoamérica el anhelo de paz del resto del mundo.

Tenemos los vicios propios de la humanidad, pero eso de calificarnos futbolísticamente como “criminales” supera el deporte y pone en evidencia la irracionalidad de la furia y la neurosis de la envidia.

Las graves cuestiones, gracias a Dios, están fuera de Latinoamérica.

¿Dónde están los criminales?

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