Por Luis Alejandro Rizzi.-

Thomas Friedman escribió una nota que reproduce el diario “La Nación”, que se titula “Tres líderes mundiales. Tres decisiones increíblemente malas”, lo que me llevó a volver a esa delicada y fina cuestión que tiene que ver con la “calidad de las decisiones”.

El tema vale para todos, pero nos ocuparemos de las decisiones de los gobiernos o de las personas con poder de decisión.

La calidad tiene que ver con el valor, por lo tanto es una ponderación comparativa, pero también con la discrecionalidad, es decir, las decisiones libres, no regladas.

Cuando se le preguntó al ministro de justicia Mahiques sobre el modo en que el Poder Ejecutivo -Milei- eligió las prioridades para proponer las designaciones de jueces y el necesario acuerdo del Senado, respondió que eran decisiones discrecionales. Dicho de otro modo, “arbitrarias”, sólo dependientes de la voluntad, capricho y conveniencia.

No voy a personalizar en apellidos, además por todos conocidos, pero es obvio que Milei eligió por conveniencia y servilismo, lo que no quiere decir que los seleccionados lo sean, pero…

En el caso, la discrecionalidad del presidente no es ilimitada, ya que la Constitución fija una condición esencial, “la idoneidad”, y en los casos de los jueces esa cualidad aparece cuestionada y puesta en duda. La cosa se agrava porque el Senado, que es el encargado de verificar “la calidad del postulado”, condiciona su juicio a las peores miserabilidades de la política.

Hace años, un empleado del Senado que trabajaba en el tema me contaba, ya jubilado, la trastienda de cada negociación, que en la mayoría de los casos carecía de transparencia. En esa época no existía el Consejo de la Magistratura, pero las mañas siguen siendo la mismas. Se ponderan lealtades personales perdurables.

Siempre recuerdo el caso de aquel juez al que escuché decir “de haberlo sabido, otra hubiera sido la sentencia”, con relación a un juicio de desalojo que se había iniciado contra la Asociación Estímulo de Bellas Artes de la esquina de Avenida Córdoba y Esmeralda o Maipú de la hoy CABA. Asimismo, los casos de determinadas firmas “de prestigiosos estudios”, tenían más peso que otras anónimas.

Vicios hubo siempre y los seguirá habiendo. Antes había algo de disimulo, hoy es a cara descubierta, paradojalmente es un avance.

Este gobierno toma decisiones de pésima calidad; lo grave es que muchas de ellas se formalizan por DNUs que duermen en el limbo, como el 70/23, aún a resolución de la Corte, y otros en la Bicameral o en los cajones de una de las Cámaras.

El gobierno prepara leyes “buses” como la llamada “hojarasca”, y ahora un nuevo proyecto de desregulación general de varias actividades, y de ese modo elude ocuparse de la grave situación que encuentra refugio en la informalidad de una sociedad que se empobrece

No puedo juzgar la calidad de los proyectos, no los conozco, sí la calidad de la oportunidad, es pésima.

Milei toma malas decisiones, no genera los riesgos que menciona Friedman, pero sí pone en riesgo a la Argentina; la motosierra se puede convertir en la guillotina de los jacobinos.

El negocio de Milei es fragmentar aún más a la sociedad, es su arma de triunfo, pero también puede ser su humillación.

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