Por Paul Battistón.-

Los acontecimientos de nuestra política durante la década del 70 deberían ser causal suficiente para que ningún intento de enarbolar algún tipo de ejercicio de peronismo, en cualquiera de sus variantes (siempre empeoradas), pudiera ser consideradas como razonable.

De la misma forma que la izquierda, a más de 40 años, preserva machaconamente el cultivo justificatorio de sus bases revanchistas con sus monografías de dictadura y sus puestas de romanticismo idealista de pólvora omitida, el peronismo también ha logrado con sus recitados en el ruido de la masa cómoda la preservación y el inculcado de las más faltas teorías y caprichos dignos de idiotas.

La doctrina del fracaso se mantiene impertérrita en el encierro neuronal de la exaltación y la herencia de fanatismo obligatorio

El estado siempre deberá estar presente para socorrer con derechos de irrupción prodigiosa. El líder siempre está para otorgar en gratuidad. Lo gratuito es mágico, carece de todo costo. La falta de riqueza y progreso solo ocurre por ser negada. La igualdad es posible por simple imposición. La simple agitación caótica es movimiento productivo. La regulación (si es necesaria a extremos) es el medio para el logro de la obtención de los valores adecuados de las variables económicas. La emisión es el mecanismo de creación de la riqueza. El consumo interno es siempre el gran tótem que se debe adorar. El aislamiento es protección y cuidado. Las cotizaciones entre monedas se lograrían por acuerdos bilaterales. Podríamos seguir agregando muchas más idioteces de igual nivel de calamidad pero la peor calamidad es que las mismas surgen de los propios escritos (algunas casi textuales y otras deducibles) del gran fundador del movimiento y algunas llevan en sus reediciones el sello de pertenencia a grandes pensadores nacionales.

La intromisión en los mercados, el entorpecimiento del comercio, la destrucción de la moneda con fines de financiamiento espurio de los déficits, la inflación consecuente, el enfrentamiento de clases, todos grandes logros de ese primer desempeño de gobierno (el que Favaloro calificaba como el peor por ser el iniciador de la tragedia). Todos hechos con consecuencias desafortunadas de manifestación retrasada en el segundo periodo  y cubierta con la búsqueda de responsables siempre externos.

La ausencia no dejó ausente los daños, el aparato de agitación se mantuvo activo y  para el retorno incluyeron los condicionamientos golpistas a los gobiernos sucesivos y el apoyo a la incipiente insurgencia que no tendría apagado ni siquiera con el retorno concretado. Los 70, lo mejor…Un títere, el de los putos y marxistas y además la suelta de presos. El herbívoro, una forma anticipatoria del “vuelven mejor” (el engaño vuelve mejor). A la insurgencia una contrainsurgencia con conducción ministerial, por suerte desde Bienestar social. Un ministro (el de Fate y Aluar) para lograr la inflación cero con la emisión de 14 bases monetarias. Otro ministro para la suelta de variables (inevitables) y la donación de apellido para el escarnio. Una provincia perdida y la firma del decreto de recuperación con el exterminio mismo, casi un acta de defunción. El infierno mismo sin salida que requirió del karma nivel infierno

Nada para reivindicar pero todo sería reivindicado, hasta el nombre del títere (perdón quise decir del tío). Los insurgentes, idealistas. La justicia, revancha. El robo, una condición indispensable. El estado, una total apropiación. Un nuevo títere para un nuevo retorno y un nuevo ministro estrella para reventar la moneda con otras tantas bases monetarias (plan platita). Por suerte la generación de cristal no dio el piné para una nueva insurgencia de pólvora pero tuvieron el guiño para copar la comunicación con ideas más que pelotudas.

Pero lo mejor de todo es que cada uno de los fracasos, de los estropicios y de las idioteces ya probadas están listas para ser ofrecidas nuevamente como soluciones como ocurre cada 4 años. La única razón posible de la aceptación como oferta de semejante doctrina de la barbarie es la instrucción previa en el convencimiento de los hechos tergiversados donde las reacciones no son causas de sus acciones (siempre hay agentes externos causantes) y la realidad es reinterpretada y enseñada bajo la lógica de la simplicidad de un infante incapaz de entender consecuencias a distancias de medio tiempo. Nada que la educación (ideologización) pública no haya hecho y que además (hace solo segundos atrás) no haya sido mejorada con payasos, chantapufis y sarazas en cadenas nacionales. En definitiva te necesitan boludo y atemorizado, un trabajo que nunca abandonan por suerte lo están llevando adelante Lali, Mengolini y Rosemblat.

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