Por Luis Alejandro Rizzi.-
Es difícil precisar el momento en que los problemas personales se convierten en “cuestión social”.
Hay seis millones de personas que no pueden pagar sus créditos, muchos de ellos “microcréditos”, en los que la deuda se estaciona en los 50 mil pesos.
Otro segmento de deuda se genera en la morosidad en el pago de liquidaciones de tarjetas de crédito, usadas para efectuar compras corrientes.
En los últimos años, desde que asumió Milei, el 44% de los hogares financia sus compras en supermercados y afines con tarjetas de crédito.
Entre los “morosos” se contarían 450 mil jubilados que financian alimentos y productos farmacéuticos.
No cabe duda de que se trata de un “problema grave” o “cuestión” que el estado, por medio de sus órganos competentes, debe resolver.
Una de las causas de la morosidad es el nivel de tasas de interés que se cobran.
El tema de la “tasa de interés” es una cuestión, más aún cuando se piensa que la causa de la inflación es sólo el exceso de emisión.
El sentido común diría que la “tasa de interés” de los créditos debe estar relacionada con la capacidad de pago del tomador.
Es cierto, para fijar los costos es necesario conocer el “costo de producción” de un bien o de provisión de un servicio, en este caso, el costo bancario.
Si el costo supera la capacidad de pago de la demanda, es obvio que no habrá demanda, o bien que el oferente estaría dispuesto a soportar su pérdida.
La “cuestión” es que también juega el marketing, por el cual se convence al futuro deudor que puede pagar más allá de su real capacidad.
Hay un mercado informal de créditos que son los casos de “usuras institucionales”, las llamo así, porque el poder judicial las legitima, según se puede comprobar en cientos de casos que se verifican en la página web del poder judicial, en el fuero comercial.
Pocos jueces desestiman las ejecuciones que se promueven por impagos.
Lo que no advierte el gobierno es que el endeudamiento no se puede dirigir a financiar las necesidades básicas.
Cuando ocurre ese problema, es señal de que la economía, macro o micro, no funciona bien.
Lo último, no debe haber ningún tipo de impuestos a los créditos, salvo los que tengan intenciones especulativas, dicho de otro modo, los que no se destinen para la compra de bienes o pago de servicios lícitos.
Éste es el caso.
07/09/2026 a las 6:14 PM
Seremos víctimas de las malas costumbres?
07/09/2026 a las 11:20 PM
VACUNATE
ENDEUDATE
07/09/2026 a las 7:51 PM
Otro papafrita más que se engolosina con «los potenciales», típico
de los mercaderes de la pluma. Dice «el cabeza» Rizzi : «entre los
morosos SE CONTARÍAN cuatrocientos cincuenta mil jubilados
que financian sus alimentos y fármacos».
Yo tengo entendido que un noventa por ciento de los fármacos
son reconocidos por el PAMI. Y otro dato que aclara los tantos es
la estadística que dice que «El cuarenta y cinco por cientos de los
morosos tienen menos de veinticinco años». O sea que son
pendejos pelotudos que manguearon plata para meterse en el juego
de las monedas, donde unos piojosos te prometen hacerte rico en
dos semanas sin poner el lomo.
AL PAN, PAN, Y AL VINO «TORO», PAPÁ.
07/09/2026 a las 11:19 PM
SI UN VECINO SE ENDEUDA, EL OTRO NO TIENE PORQUE PAGARLO.
07/09/2026 a las 8:43 PM
Reclama el abogado Rizzi que «no debe haber ningún tipo de impuesto a los créditos», salvo los que persigan fines extrafiscales. Siendo «microcréditos» en mora o impagos para financiar necesidades básicas de las familias queda demostrado el mal desempeño de la microeconomía. Esto no puede evitar impactar en la macroeconomía. «El buen salario, la comida abundante, el buen vestir y la libertad educan a un adulto tanto como la escuela a un niño» (Domingo Faustino Sarmiento).