Por Italo Pallotti.-

En esta Argentina nuestra, tan acostumbrada a los cimbronazos, digamos que normales, por su acostumbramiento, de pronto ocurren cosas que por su contenido, estructura, o por simple coincidencia, nos llevan a preguntarnos qué nos pasa. ¿Qué ocurre en la trastienda de una sociedad que parece envilecida?. Sucumbiendo en los valores que le deben dar sustento. Torpedeada de muchas maneras, por nefastos personajes o aún desconocidos, para hacer que la sana convivencia se transforme en un vodevil de pésimo gusto. Quienes tienen la oportunidad de poder zafar de esa negativa influencia pueden sentirse como seres afortunados; pero la repetición de hechos contra natura hacen qué, aún los más advertidos, sean víctimas de ese comportamiento lacerante de la paz social. Los medios de comunicación, con criterio informativo ajustado a la verdad y los del periodismo basura, que por desgracia proliferan, se han hecho eco en estos días de informaciones que rozan lo insólito. Una escuela de Formosa, donde la responsable de un centro educativo, sin el más mínimo disimulo, da una “clase” de adoctrinamiento explícito sobre las “virtudes” del Gobernador Insfran y hacia sus bondades como aportante de toda clase de insumos escolares (útiles, guardapolvos, etc). A los memoriosos nos recuerdan la “famosa” época de Perón y Evita con su “La Razón de mi Vida”, cuadernillos y libros de despreciable influencia doctrinaria. Aunque parezca mentira, aún sobreviven “alumnos” de tan ruin comportamiento.

Para seguir con el detalle insólito de este diario vivir, nos sorprendió el fallo de la jueza (De Marinis) invalidando los alcances de la Ley Penal Juvenil, con argumentos muy propios de la corriente permisiva que ronda el ambiente de la Justicia nacional. Por fortuna, un fallo de ésta revocó lo dispuesto y como complemento apartó a la funcionaria en cuestión. Plausible decisión. Es hora de nuevos vientos en el marco justiciero. En contra partida, una verdadera avalancha de hechos delictuales asombran a la comunidad. La ferocidad de los ataques de la delincuencia, en la mayoría de los casos torturados por el flagelo de la droga, llevan a preguntarse hasta cuándo semejante cúmulo de tropelías, sin que se avizore alguna solución que de fondo asuma el problema. Los Ministros de Seguridad, están apabullados por este aluvión horrible de marginación humana que pone al resto de los humanos(valga el juego de palabras) en un estado de vulnerabilidad escandalosa, de desprotección a niveles casi desconocidos. Nada parece servir. Ni la quema de cubiertas, por la impotencia de otros métodos de protestas, ni el “queremos Justicia”, vano e inútil; o el “queremos que a otros no le pase”, son apenas inocentes paliativos frente a semejante desborde y cierta desaprensión social y política. El aumento de la pobreza anunciado, presagia, para los más enrolados en el “está todo mal”, nuevos capítulos de una historia que parece no acabar. El comienzo de la campaña para el 27, fogonea un comportamiento opositor, que frente a lo expuesto encuentra un terreno fértil. El asunto es avanzar en lo propio. No se miden resultados; el tiempo dirá.

En otro orden, la visita del Presidente Milei y el Gobernador Kicillof a los EEUU, cada cual con su impronta y, quiero imaginarme, para sorpresa o desencanto de los anfitriones yanquis, puso su dosis de desencuentros ideológicos de larga data. Uno por derecha, el otro por izquierda. Si se tiñe de papelón lo que se expresa y sostiene, es otro cantar. Nada parece importar a la hora del análisis. Entre el esplendor y la decadencia se transita en estos caminos sinuosos del oficialismo y la oposición. Aliados y entornos, sobran. Mientras, la corrupción subida al mástil de la nave insignia (la República) nos dice que la ejemplaridad, los valores y los principios se inmolan al pie de la Democracia. Por lo dicho, sería lógico preguntarles, como se expone en el título: “Dos países”.¿Creerán eso? ¡Vaya uno a saber! De intenciones se nutre el pensamiento.

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