Por Otto Schmucler.-

Mientras veía la entrevista que concedió a un canal de televisión no podía salir del estado de estupor ante las explicaciones que daba a un permisivo (e inofensivo) periodista que no tenía preguntas propias para formularle, (las leía desde una especie de “machete”) porque quería que la sangre viniera “del Río”. Un sentimiento de incredibilidad que me llevaba pendularmente de la indignación al “asco”.

Porque el Primer Ministro puede hacer lo que le plazca (aunque no debería hacerlo) con la confianza ciega que el Presidente le tiene, pero lo que no puede hacer es pretender tomarnos por boludos a todos los argentinos que nos reservamos la sobremesa para escuchar sus relatos mendaces y fantasiosos (algo así como querer contarnos el “cuento de Caperucita Roja sin ponerse colorado”). Si lo hubieran conectado a un detector de mentiras es probable que hubiera hecho estallar al polígrafo. No hacía falta ser un profesional avezado para darse cuenta que sus ojos bailoteaban al son de sus mentiras

Y lo peor de todo, sin un periodista que tenga “lo que hay que tener” para llamarlo a la reflexión. Ministro, con todo respeto, ¿no le parece poco creíble que una persona que antes de vincularse con el presidente era panelista de programas televisivos haya podido juntar 500.000 u$s y peor aún, que haya olvidado que los tenía?

Ministro, ya sin dejarlo hablar, usted dijo ante el Congreso y ante nosotros que tenía todos los papeles en orden pero usted nos está diciendo que piensa ponerse al día con los impuestos que tenga que pagar (que está arrepentido de ello), va de nuevo Ministro, ¿tenía todo en orden o era una jodita para la tribuna?

Pensar que a Milei lo ungimos presidente para sacarnos de encima a la casta política que nos llevó a la decadencia de la que aún no hemos salido y lo único que logramos fue reemplazar a la vieja casta política por una más nueva (pero casta también).

Share