Por Luis Alejandro Rizzi.-
Sorprendió a los observadores el nivel de adhesión que recibió León XIV en su visita a Francia, hecho que además fue contrastado con el rechazo, que parece generalizado, de los franceses contra “la política”. Eso que se da en llamar “la contrademocracia”.
Este fenómeno se había producido en España hace poco tiempo, y muy seguramente se repetirá en nuestro país cuando León XIV llegue el próximo 9 de noviembre.
Si bien León XIV en sus prédicas u homilías se limita a lo pastoral, tampoco calló ante este sesgo que la llamada “nueva derecha” le imprime a la vida pública en dirección a dividir a las sociedades entre “réprobos y elegidos”.
León XIV le pidió a la Virgen de Lourdes que le diera a Francia gobernantes sabios y generosos, frase que muy probablemente repita en su visita a la Virgen de Luján, virtudes de las que carece el gobierno de Javier Milei.
Dijo en ese momento que se debe construir “una sociedad armoniosa, libre de toda violencia y de todo odio, en la que cada persona pueda trabajar, formar una familia y vivir su vida hasta el final con tranquilidad… en la que los más desfavorecidos y los pobres encuentren siempre apoyo”. Un principio que ayuda a pensar, criterio para decidir y orientación para actuar, como escribió en su Encíclica.
Ese último ruego responde a un principio liberal sagrado explicado por John Rawls, al que llamó el principio de la diferencia.
Por último, con palabras sencillas, brotadas de la sabiduría clásica, exhortó a los gobernantes para que “conserven al país en paz en el concierto de las naciones… Que hagan oír su voz en defensa de los derechos humanos fundamentales y de la paz en el mundo, rechazando para siempre las lógicas de la guerra”.
Muy seguramente, “la política” deberá reflexionar sobre el respaldo multitudinario que recibió en un país que, paradojalmente, hizo de la “laicidad” religión cívica.
Es imposible negar la concepción religiosa en la vida de las personas, a la que recurren los populismos cuando advierten que las sociedades dejan de creer en sus significantes vacíos, meras consignas, que por un tiempo y sólo un tiempo, hacen creer que todo es posible.
León XIV tiene ese raro mérito, sabe qué pretende la gente de sus gobiernos.
El viaje de León XIV a la Argentina en este momento, no creo que le caiga bien a Javier Milei, que suele refugiarse en lo que llama demagógicamente “las fuerzas del cielo”, que no son precisamente de las que habla León XIV.
Tampoco la oposición podrá lograr beneficio alguno, no está a la altura del tiempo de este Papa.
León XIV seguramente nos ayudará a recrear un clima nosístico que nos haga comprender que el odio y el agravio son los peores vicios de la humanidad.
De algún modo, León XIV encarnaría a aquel personaje de Chesterton -Hombrevida- que disparaba a algunos, diría en el caso demagogos, para que valoraran el sentido de la vida.
León XIV nos dispara su arma cargada de sentido común.
Deja una respuesta