Por Luis Alejandro Rizzi.-

Desde hace semanas la suerte política de Manuel Adorni está echada, como en el cuento del verdugo, sólo hace falta que incline su cabeza.

Desde que se conoció el viaje de su mujer en el avión presidencial integrando la delegación al “Argentina Week”, para aliviar el deslome de su marido, se comenzaron a conocer hechos de movimientos de sumas de dinero y adquisición de propiedades y pagos en negro por la suma de u$s 245 mil de difícil justificación, al punto que hasta el día de hoy no lo pudo explicar.

Estos hechos fueron suficientes para descalificarlo como funcionario público por falta de idoneidad, condición esencial para mantener un empleo público.

Es imposible de justificar al Congreso, que debió haber votado su destitución, y al Poder Ejecutivo, que se convirtió en cómplice de ilícitos, cuando menos, políticos.

Esta complicidad y colaboracionismo en sus “patéticas mentiras”, conforma un acto de violencia republicana en el que sucumbió la institucionalidad argentina, y una muestra de falta de seguridad jurídica.

La Argentina tiene un régimen de incentivos para justificar el enriquecimiento inexplicable. -RIPJEI-

Según trascendió, Karina ya tendría “sucesora” para la jefatura de gabinete.

No sabemos cómo seguirá su suerte en Comodoro 3,1416, pero, aunque no tenga tobillera carece del derecho de admisión.

Es la peor condena, es inapelable.

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