Por Gustavo Oscar Colla.-
A medida que transcurren los años, más dolor voy sintiendo por la degradación cultural que se va advirtiendo en la población de nuestro país, entre otras muchas cosas, por la deformación del lenguaje, cosa que se advierte mucho en el diario caminar por las calles y, lo que es más notorio aún, en los medios de comunicación audiovisuales. Hoy se ha puesto de moda, por decirlo de algún modo, el término «laburante». Detrás del mismo quizás haya escondida una connotación ideológica. Por lo tanto, estaría bueno que alguien definiera quiénes están incluidos en esta palabra. Por supuesto, abarca a quienes utilizan un pico y una pala, a quienes están reponiendo una góndola, quienes conducen un medio de transporte, quienes se dedican al pincel de brocha gorda, pero también a los médicos que atienden en su consultorio, a los ingenieros que construyen puentes, a los arquitectos que diseñan casas y a los señores emprendedores, dueños de una Pyme, quienes, además de generar empleo, también le ponen sus cuerpos a la diaria labor, sin límites de horarios o feriados.
Estaría bueno que quienes utilizan tan ligeramente el término «laburante» fueran un poco más claros a la hora de identificar quiénes están incluidos en ese santificador grupo y quiénes los detestables excluidos.
Quien escribe estas líneas es un «laburante» graduado hace 53 años en la UBA.
14/02/2026 a las 7:32 PM
Aportando a la carta de lector de Gustavo Colla acerca de «Laburantes», una anécdota referida al novelista español Pío Baroja (1872- 1956) deslinda la cuestión del trabajo físico e intelectual: Un vecino saluda al escritor que estaba leyendo en su zaguán; «Buen día don Pío ¿descansando?» Le contesta «no; trabajando». Al pasar nuevamente le saluda cuando estaba punteando en el jardín; «Buenas tardes ¿trabajando?» Le contesta «no; descansando.
17/02/2026 a las 5:13 PM
Luego de dos días de haber agregado un comentario a la «carta de Gustavo Colla» («laburante» graduado en la UBA hace 53 años) insisto en lamentar que este «calificativo laboral» seguirá dependiendo de cada sindicato, asociación profesional o cámara empresaria, que caprichosamente lo considerarán como «un problema melódico sexual» (según se les cante las pelotas).