Por Paul Battistón.-

No debería ser una sorpresa que un género gutural como el reggaetón (y derivados) se haya convertido en preferencia.

Pretender repetir su letra implica llevar una cadencia acorde a estar bajo efectos de estupefacientes y recitar una sintaxis de pocas luces desacompañado por un ritmo más propio de un secarropas desequilibrado que de una base rítmica de instrumentos.

Una larga práctica para la pérdida de dicción, lograda con una previa pérdida de capacidad de lectura y su consecuente incapacidad de interpretación de textos no pueden considerarse como ajenos de influencia en la adopción como preferencia de estos subgéneros. Tanto el Trap como el reggaetón exhiben una minimalización no forzada llevada al borde de la generación de onomatopeyas significativas.

No hace mucho que las nuevas tendencias educativas adoptan la estúpida modernidad de la no corrección de los errores de los alumnos bajo la premisa de la no estigmatización y de la supuesta evolución autocorrectiva (la inversión de la esencia misma de la educación).

De lectura ni hablar, la capacidad de hacerlo de forma corrida fue mellada y con ella la capacidad de entender un texto de más de dos líneas. Los sonidos de primates, las prolongaciones quejosas, la eliminación de consonantes, el forzado de triptongos, el reacomodado de preposiciones y la saturación de seudo onomatopeyas no deben ser resultado de la magia. Quizás podríamos concluir que los quieren brutos.

En la anterior etapa involutiva de nuestra educación (previa a la de la pérdida de dicción/lectura) podemos recordar una saturación de curriculas de dudosa prioridad educativa pero de una prioritaria sustitución de cargas horarias en desmedro de materias de fundamental importancia. Aún persiste este intencionado desmejoramiento, en Córdoba se acaba de incorporar la materia “Cuarteto” sin aumentar la carga horaria total, quizás Buenos Aires podría intentarlo con “Trap” o “Reggaeton”.

Un poco antes en el tiempo es fácil recordar el destiempo con el que la informática era incorporada. Los incompletos programas de la matemática que persistieron de esa forma durante eternos debates en que nuestros políticos dieron voz a expertos en debatir penetraciones culturales e imperialistas en lugar de oír expertos en educación. El cabildo abierto de la educación ¿alguien lo recuerda? una pista fue durante el gobierno del primer progresista del retorno a la democracia

Los saltos de niveles siempre fueron traumáticos, la mayoría de los estudiantes sienten que no fueron bien preparados por el nivel anterior al acceder a un nuevo nivel lo cual se traduce en deserción o en la necesaria nivelación forzada

Si hacemos un recorrido por las ciencias sociales salta un detalle que indicaría que toda esta involución gradual no ha sido casual. Desde la “educación pública gratuita y obligatoria” que daba egresados primarios plenamente alfabetizados, egresados secundarios de un nivel respetado y profesionales de renombre hasta la “educación publica” actual con egresados apenas deletreando, secundarios intrascendentes y profesionales en disciplinas irrelevantes ha habido toda una evolución de un germen destructivo.

La historia deshistoriada lo ilustra, buenos, villanos y ninguneados por ese germen direccional dan cuenta. Saavedra el olvidado quizás por su lugar de nacimiento, sólo convertido en retrato inmóvil. Rivadavia el primer presidente constitucional capaz de ver más allá de los vestigios coloniales convertido en apenas el negrito Rivadavia. San Martín a tiempo rescatado por Mitre, hubieran estado gustosos de disminuirlo. Dorrego el incipiente populista (cuando aún casi no había materia prima para ejercerlo) resguardado en texto cuidado con cierto idealismo. Lavalle apenas indicado como triunfador en los combates de la guerra contra el imperio de Brasil (una ínfima parte de su trayectoria) infaltable en los textos escolares la ilustración del traslado del paquete de sus huesos, lo de Dorrego le hizo mala prensa. Quiroga, su valiente huida de San Luis y su artera muerte en Córdoba le dan un apartado especial, toda la barbarie que va al medio apenas tenue en la historia escolar (para más información remitirse a Civilización y barbarie de Domingo Faustino, ni por casualidad leído en las aulas). El restaurador (le convirtieron su jerarquía popular en capítulo de Kapelusz), más bien dictador, Obligado y el sable corvo de San Martín lo ponen a distancia justificativa de la cautiva y el matadero. La derrota de Obligado recordada a heroico capítulo entero, el triunfo de Quebracho dejado de lado. La generación del 80, nombre escueto y nada significativo para el momento preciso del nacimiento de la Argentina moderna. Julio Argentino Roca su trascendencia redactada en capítulos sencillos y rápidos, tendría su revalorización al cumplirse los 100 años de la conquista del desierto (con emisión numismática) y con el mismo acontecimiento defenestrado en la historia tomada por el relato Nac & Pop. Resulta divertido recordar la imposibilidad tortuosa de dar una respuesta cuando a Miguel Pichetto se le preguntó respecto a la mayor importancia en la historia argentina, la del general Roca o la del general Perón. La década necesariamente “infame” (1930-43) para que la dictadura subsiguiente sea “justificable”. El régimen de Perón, el de la justicia social (sólo faltó aclarar en ese capítulo, lo del inicio inflacionario, la caída abrupta y nunca detenida del PBI y la constante devaluación del Peso). La desaparición del capítulo de la guerra civil desatada por la insurgencia de izquierda tras el regreso de Perón siempre mejor reemplazada por la desaparición forzada y la más sangrienta dictadura. El primer presidente de la democracia, algo así como derrocado 5 meses antes de finalizar su mandato (detalle subsanado como acuerdo del Pacto de Olivos).

¿Me pregunto si quizás en tierras del chico soviético o de algún caudillesco espécimen feudal la historia escolar tiene algún capítulo titulado como “Década ganada”? supongo que algún historiador moderno puede haberlo redactado para poder entender cómo llegamos a donde llegamos.

La educación es cara para dejarla en manos de idiotas con pretensión de multiplicarse. Quizás sea hora de un cabildo cerrado a los adoctrinadores que necesitan gente de palabras inconexas, números vagos e historia manipulada.

Unos 10 libros por año lectivo serían un buen comienzo, sólo que habría que revertir rápidamente primero lo de la lectura de corrido y la interpretación de textos.

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