Por Enrique Guillermo Avogadro.-
“La mejor manera de predecir el futuro es crearlo”. Peter Drucker.
A esta altura del mandato, ya nadie duda de la incapacidad del Gobierno para comunicar eficientemente sus muchos logros e impedir que otros temas ríspidos los opaquen; el riesgo que todos corremos es que ese cúmulo de errores agote la paciencia social y, aún con una oposición atomizada, nos haga retroceder, después de tantos esfuerzos, a un nefasto pasado de emisión desmedida y rampante corrupción.
El martes se realizaron manifestaciones opositoras enancadas en una malintencionada visión populista de la Universidad pública – “La Universidad pública y gratuita es igualadora social”, mintió Cristina Fernández en 2011 – que sólo beneficia a quienes la han transformado en una cueva de corrupción y una máquina para perpetuar privilegios; para confirmarlo, basta ver qué porcentaje de alumnos proviene de las clases media-baja y baja. ¿Implica el mismo esfuerzo estudiar para un hijo de la clase media, cuyos padres pueden mantenerlo, que para otro que proviene de una familia obrera y necesita del trabajo del propio alumno para subsistir? ¿Es irrelevante que unos provengan de caros colegios privados o de la enseñanza media pública, donde reinan los Baradell? La Universidad pública se sostiene con el aporte de un Tesoro cuyas arcas, a su vez, se nutren de los impuestos que pagamos todos. ¿Es justo que los más pobres soporten con su diario esfuerzo una Universidad que no tiene exigencias de ningún tipo y a la cual sus hijos no podrán asistir? ¿Por qué todos tenemos que pagar para que estudien gratuitamente en nuestras universidades extranjeros que, al graduarse, regresan a sus países a ejercer?
¿O para que algunos pocos estudien carreras que no sirven al conjunto social y que, en la enorme mayoría de los casos, gradúan gente que no encontrará inserción laboral en el campo elegido? En el caso de los abogados, por ejemplo, en la ciudad de Buenos Aires (3,1 millones de habitantes) los matriculados llegan a 70.000, mientras que en Japón (124 millones) sólo son 49.000 y en toda Francia (69 millones), 70.000.
En Argentina, el promedio de permanencia en los claustros en carreras con curricula de cinco años, es siete y, a diferencia de todos nuestros vecinos, la Universidad sólo gradúa veintidós de cada cien ingresantes. Ese estiramiento artificial genera, naturalmente, mayores gastos en salarios docentes y no docentes, en infraestructura, en medios para la investigación, etc., todo lo cual recae sobre las espaldas de la población en general, inclusive de aquellos sectores cuyo único consumo son los alimentos de primera necesidad, gravados con el IVA. La extendida pobreza de los salarios docentes en todos los niveles hace que sólo puedan ingresar a la enseñanza académica aquellos que, amén de una increíble vocación, disponen de otros medios de subsistencia o que buscan, en la cátedra, un galardón social, y no siempre es acompañado por la calidad de la enseñanza impartida.
Mientras se siguen graduando inmensas cantidades de abogados y economistas, grandes conglomerados internacionales en industrias de punta se ven impedidos de instalarse en el país porque no encuentran aquí suficientes ingenieros, geólogos, químicos, físicos, matemáticos, etc..
Mi propuesta para cambiar este estado de cosas es muy simple.
Se trata de establecer – disponemos, sin duda, de los medios para hacerlo y la IA contribuirá para lograrlo – cuántos nuevos graduados de cada una de las disciplinas necesitará el país a cinco años vista; basta con introducir en una computadora la información que suministren las empresas y el sector público, incluyendo a los potenciales inversores que se acerquen. Con el resultado, se formaría un primer cupo de aspirantes que rindieran un muy exigente examen de ingreso y mantuvieran el nivel de excelencia durante toda la carrera, comprobado mediante pruebas semestrales; obviamente, no sólo no se les cobraría matrícula alguna sino que, por el contrario, se les pagaría un sueldo razonable durante todos sus estudios. Como es obvio, quienes lograran graduarse integrando ese primer cupo encontrarían una inmediata salida laboral, ya que tanto el Estado como las empresas competirían por ellos.
Luego, crear otro cupo que tuviera en cuenta la capacidad física de cada una de las facultades; en algunas, hay materias en las que los profesores deben dar clases a más de cien alumnos, lo cual impide una eficiente enseñanza. Este segundo cupo, es decir aquellos que opten por carreras que el país no necesitará – y, por ende, es injusto que deba soportar – o por estudiantes que no lograran el nivel de excelencia requerido para el primero, debería pagar para estudiar; así de simple: si quieres hacerlo, báncalo tú. Incorporaría, además, a esas normas una ley que impusiera al sector público la obligación de contratar, como consultora externa, a la Universidad, y pagar los honorarios correspondientes.
Veamos qué efectos produciría esta solución propuesta. En primer término, produciría mejores graduados, y así el país dispondría de profesionales excelentes en las disciplinas más necesarias. Luego, impediría la permanencia del “estudiante crónico”, ese al cual el bajo nivel de exigencia en materia de cantidad de materias aprobadas le permite permanecer en los claustros por muchos años, incordiando a los verdaderos alumnos.
Con el producido de las matrículas pagadas por los integrantes del segundo cupo, más los aranceles de los extranjeros y los honorarios que la Universidad generaría por sus servicios de consultoría externa, se formaría un interesante presupuesto propio, que permitiría mejorar sensiblemente los salarios docentes e invertir en infraestructura y en medios de investigación. Al pagar sueldos dignos, se incrementaría el interés por la enseñanza, lo cual permitiría también exigir más calidad de los profesores. El círculo virtuoso se cerraría con ese nivel de excelencia en los claustros docentes, lo cual transformaría a la Universidad en un verdadero faro capaz de iluminar el futuro del país, dejando de ser el miserable fanal que sólo permite ver la escalera descendente en la que estamos embretados desde hace décadas.
16/05/2026 a las 3:21 PM
Apreciado Dr..
Una descripción y análisis impecable de una realidad que nos cachetea cada día.
Me temo que propuestas como la suya estamos lejos de que se aplique un día.
Los intereses de los mercaderes que rondan la Universidad Pública, son demasiado potentes para cambiar algo. Deberemos sufrir por décadas esta decadencia que se deduce de su último párrafo, en la nota.
La permanencia de alumnos crónicos es tan fácil de desterrar, que un niño de la Salita de 5(Verde) se animaría a solucionar, sin duda. Pero a nadie le interesa, porque los presupuestos y administraciones todavía permiten semejante atropello a la razón.
Esto es,, más o menos, como los presupuestos de las provincias. Te ahogan con los impuestos ; pero los gastos, infinidad de veces en b……..(son muy generoso en el término) para satisfacer las demagogias y el populismo se mantienen a niveles asquerosos.
De modo que la ilusión de los ochentosos (entre los que me cuento) de ver la Argentina Potencia y otras acepciones creadas por el estupidismo nacional, demorará años o siglos (perdón por mi exagerado optimismo) en manifestarse.
Mientras sigamos pensando, cada 2 años, quien será el menos peor que nos gobierne o represente, no hay manera alguna de revertir la historia.
De todos modos a seguir bregando y tirando el arado y la sembradora para buscar un cultivo que nos salve del tsunami. Un día entenderán, sobre todo los jóvenes, si no se entusiasman demasiado con la IA y salgan a vendernos verduras son sabor a nada y se intoxiquen de un nuevo poder que solo sirva a pocos.
Mientras, como decía el Genial Tato, Good Show.
17/05/2026 a las 10:25 AM
Si van a cerrar las universidades, que comiencen por las facultades de ciencias económicas, así dejaremos de producir chantas y cipayos como los que nos gobiernan desde hace cincuenta años.
19/05/2026 a las 9:10 PM
No van a cerrar las universidades, lo que sí es necesario es un reordenamiento porque hay determinados problemas que ni siquiera se solucionaron a palos como en 1969.
En las universidades no debe haber actividad política ni con centros de estudiantes ni con comisiones gremiales ni nada por el estilo.
Es un ámbito de estudio por lo que toda actividad política puede hacerse en otros lugares y nadie lo va a impedir.
Los estudiantes crónicos que están inscriptos en varias facultades no son estudiantes sino activistas políticos o «militantes» como se los define actualmete.
No cualquiera debería ingresar a la universidad, para evitarlo debería implementarse un «curso de ingreso» riguroso teniéndose en cuenta si el aspirante califica o no basándose en su certificado de estudios secundarios analítico y en una entrevista personal de la que deberá surgir indubitablemente que no es un delincuente.
Otro aspecto que debería considerarse es que no esté afiliado a ningún partido político, eso quedaría para cuando termine sus estudios y egrese, desvinculándose definitivamente de la universidad.
Hay carreras menores que no es necesario eliminarlas porque van a desparecer solas por los avances científicos y tecnológicos que se producen a diario, entre ellos la inteligencia artificial que de «artificial» no tiene nada.
De todos modos si las universidades privadas quieren continuar con ellas nadie se lo impediría.
En cuanto a la gratuidad es un tema «espinudo» como decía un conocido que era profesor universitario. Nada es gratis en esta vida pero no sería correcto descartar a aquellos que no están en condiciones económicas de costearse los estudios. Para atender casos casos así podría implementarse un plan de becas anual y renovable si se cumple el requisito de aprobar todas las materias de debe cursar.
Para el resto del estudiantado sería algo similar: si no cumple con el plan de estudios anual aprobando todas las materias que debe cursar pasaría del «modo gratuito» al modo arancelado contemplándose casos tales como enfermedades incapacitantes temporales o accidentes comprobables debidamente documentados.
17/05/2026 a las 11:16 AM
Todas las universidades del mundo occidental requieren un exámen de admisión y son aranceladas para los extranjeros.
Acá la UBA la manejan con un criterio socialista viejo y estúpido, de gratuidad supuesta, por gente que vive de este currro desde hace más de 40 años.
19/05/2026 a las 6:31 PM
La reforma migratoria impulsada por el Gobierno de Javier Milei busca que los extranjeros no residentes paguen por estudiar en universidades públicas y por recibir atención en hospitales de Argentina.
La medida no afecta a argentinos ni a residentes permanentes. Cada universidad es libre de definir si cobra o no aranceles a los estudiantes extranjeros temporarios. Asimismo, la educación primaria y secundaria continuará siendo gratuita para todos los residentes, tal como establece la Constitución Nacional.
19/05/2026 a las 6:47 PM
Si estás buscando estudiar en Latinoamérica pero no tienes los recursos financieros para hacerlo, no te preocupes, hay países en los que la educación es completamente gratuita. En este artículo, te mostraremos los países de Latinoamérica en los que puedes estudiar sin gastar un solo centavo.
Por Catalina Carrasco
1. Cuba
Cuba es uno de los países en los que la educación es completamente gratuita para todos sus ciudadanos, así como para los estudiantes extranjeros. La educación en Cuba es de alta calidad y cuenta con una amplia variedad de programas en diferentes áreas, incluyendo medicina, ingeniería y arte.
2. Argentina
Argentina es otro país latinoamericano en el que se puede estudiar de forma gratuita. La educación superior en Argentina es pública y gratuita para todos los estudiantes, incluyendo aquellos que vienen del extranjero.
3. Brasil
En Brasil, las universidades públicas ofrecen educación gratuita a todos los estudiantes, incluyendo a los extranjeros. Aunque hay algunas universidades privadas en Brasil, la educación en estas instituciones suele ser más costosa.
4. México
En México, la educación superior pública es gratuita, pero los estudiantes tienen que pasar por un proceso de selección para ser aceptados en las universidades públicas. También hay algunas universidades privadas en México, pero estas instituciones suelen ser más costosas.
5. Ecuador
En Ecuador, la educación superior pública es gratuita para todos los estudiantes, incluyendo a los extranjeros. Además, el gobierno ecuatoriano ofrece becas para estudiantes extranjeros que deseen estudiar en el país.
6. Nicaragua
Nicaragua es otro país latinoamericano en el que la educación superior pública es gratuita para todos los estudiantes. Además, el gobierno nicaragüense ofrece becas para estudiantes extranjeros que deseen estudiar en el país.
7. Venezuela
A pesar de los problemas económicos y políticos que enfrenta Venezuela, la educación superior pública en el país sigue siendo gratuita para todos los estudiantes, incluyendo a los extranjeros. Sin embargo, la calidad de la educación en Venezuela ha disminuido en los últimos años debido a la situación política y económica del país.
Conclusión
Estudiar en Latinoamérica no tiene que ser costoso. Hay varios países en los que la educación superior es completamente gratuita para todos los estudiantes, incluyendo a los extranjeros. Si estás buscando estudiar en el extranjero pero no tienes los recursos financieros para hacerlo, considera estas opciones en Latinoamérica.
Preguntas frecuentes
1. ¿Todos los programas de estudio son gratuitos en estos países?
Sí, en estos países todos los programas de estudio en instituciones públicas son gratuitos.
2. ¿Hay algún requisito para ser aceptado en las universidades públicas?
En algunos países como México, los estudiantes tienen que pasar por un proceso de selección para ser aceptados en las universidades públicas.
3. ¿Las universidades privadas ofrecen programas gratuitos?
No, las universidades privadas suelen ser más costosas que las instituciones públicas y no ofrecen programas gratuitos.
4. ¿Hay becas disponibles para estudiantes extranjeros en estos países?
Sí, algunos países como Ecuador y Nicaragua ofrecen becas para estudiantes extranjeros que deseen estudiar en el país.
5. ¿La calidad de la educación en estos países es buena?
En general, la calidad de la educación en estos países es buena, aunque puede variar dependiendo de la institución y el programa de estudio.
6. ¿Hay algún límite de edad para estudiar de forma gratuita en estos países?
No, no hay ningún límite de edad para estudiar de forma gratuita en estas instituciones públicas.
7. ¿Los estudiantes extranjeros pueden trabajar mientras estudian en estos países?
En algunos países, los estudiantes extranjeros pueden trabajar mientras estudian, pero esto depende de las regulaciones del país y del tipo de visa que tengan.
Catalina Carrasco
Es una profesora de filosofía en la Universidad de Nueva York. Ha escrito numerosos ensayos y libros sobre filosofía, y es una oradora y conferencista reconocida. También es un académica respetada y ha recibido diversos premios y reconocimientos por su trabajo. Sus áreas de investigación incluyen la ética, la teoría de la justicia y la teoría política. Sus trabajos han sido ampliamente citados y discutidos en el ámbito académico.
https://filosofia.gea.lat/descubre-en-que-paises-de-latinoamerica-estudiar-es-gratis/