Por Guillermo Cherashny.-

Finalmente, como anticipamos, no hubo quórum en la Cámara de Diputados para interpelar a Manuel Adorni por la insatisfacción en la sociedad sobre los gastos hasta ahora inexplicables con su sueldo de jefe de gabinete y antes de vocero presidencial.

La oposicion quiere quedar bien con la opinión pública, que por amplia mayoría no le cree nada a Adorni, pero el presidente no quiere dar el brazo a torcer y lo mantiene en el cargo pese a que todos sus ministros piensan que es un lastre que impide que la gente se entere los logros que obtiene con las buenas noticias financieras que tiene el gobierno los últimos meses. De ahí que el gobierno tiene en claro esa situación de desprestigio, por lo cual le recortaron sus funciones como vocero presidencial, donde fue designado el diputado Adrián Ravier, un economista destacado y alejado del perfil soberbio y maltratador de Adorni, además de desplazar a Javier Lanari, el secretario de comunicación, un panelista muy limitado cuyo único aporte fue profesar un anti-cristinismo elemental y ser amigo personal de Adorni.

En realidad, con un destacado comunicador como es el presidente Milei, no haría falta ningún vocero pero de todas formas Ravier puede informar sobre algunos temas sin agredir o bardear a los colegas.

De todos modos, la permanencia de Adorni es una decisión del presidente que al mismo tiempo favorece al peronismo y daña a los aliados, que exigen la remoción pero no aportan los votos para su interpelación, lo que los deja mal parados al PRO y la UCR.

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