Por Luis Alejandro Rizzi.-
Al pernoctar más de una noche en Salta, obtenemos la calificación de “turistas”, con lo cual varía nuestra ubicación estadística.
Una curiosidad difícil de explicar y más difícil de entender.
Alguien nos preguntó intrigado, “¿fueron un fin de semana a Salta?”, como si hubiéramos cometido un sacrilegio.
Parecería que las salidas de fin de semana deben ser a no más de 300 o 400 kilómetros del lugar de residencia.
En los últimos tiempos, 30 o 40 años, cambió mucho la forma de vida y es difícil distinguir el uso del tiempo libre, eso que llamamos “ocio”, turismo o vacaciones.
La vida nos ofrece hoy tal variedad de alternativas que hace que los conceptos habituales cambien de significado.
Un viaje de no más de dos o tres días, lo llamamos “escapada”; no distinguimos entre excursión, viajero o turismo, insisto además poco importa.
En la pirámide de Maslow se establecía un orden de necesidades que iban de las más básicas hasta un máximo de necesidades que podrían relacionarse con el “super yo de Freud”, que podrían tener relación con niveles de riqueza o de auto realización.
El “aburrimiento” podría ser el sexto nivel de Maslow, que sería aquel en que no sabemos cómo “usar o gastar el tiempo”.
La pregunta que cabría hacerse es si el “ocio” o el tiempo libre es una necesidad básica.
El turismo es, como todo en la vida, un “negocio”, y a su alrededor se desarrollan un sinnúmero de actividades comerciales y económicas. Incluso hasta profesiones de nivel universitario y un periodismo especializado en negocios turísticos.
El turismo es una actividad económica como lo es el “retail”.
Aquí llegamos a diferencias absurdas, almorzar o cenar a una distancia de tantos metros del domicilio puede ser un “retail” comercial, pero si lo hacemos a más de cien kilómetros, sería un “retail” turístico o excursionista.
El turismo es un servicio comercial con valor económico.
No hay diferencia entre gastar dinero entre comprar un auto, una bicicleta o una camisa o gastar hacer un viaje de fin de semana.
Hecho ese divague que apunta a desmitificar el tenor del negocio de los viajes, como algo diferente, sin tener en cuenta que se trata de disponer de capacidad de gasto y un sistema de prioridades de cómo gastar o mejor dicho de objetivos.
Aprovechamos para recorrer el norte de los Valles Calchaquíes y por la Cuesta del Obispo hasta tres mil doscientos metros de altura, llegamos a Payogasta, que en las lenguas originales significa “pueblo viejo”, “pueblo blanco”, evocado y descripto en la “Zamba a Payogasta” que había compuesto un poeta alaterno Marcos Malco, poco conocido por los que no somos del lugar.
Ese pueblo como Cachi son los “países” del pimiento, dice la samba, en su estribillo:
“Venite a Payogasta
tierra del pimentón
le da el sabor al amor
y el dolor al corazón”.
El 8 de diciembre es su fiesta patria, se evoca con inusitado fervor a la Virgen
En Cachi pasamos por “Viracocha”, lugar visitado pro las mejores expresiones artísticas de la samba. el himno salteño” y nos atendió “Beto” un payogasteño que vivió en Buenos Aires, en Río Grande, donde trabajó en el rezumante de Serpa, otro salteño, que en el clima frío e inhóspito de Río Grande, en Tierra del Fuego, daban de comer a 20 o 30 familias por día que carecían de recursos. “Les preparábamos platos del menú”, nos decía Beto con el sano orgullo de la gente buena. Ahora a los 50 volvió al pago y su sueño superior “de Maslow” es recorrer toda la Argentina con sus hijos, “cada uno con su mochila”.
Estos pueblos como Payogasta y Cachi tienen sus secretos, por ejemplo, el caserío no tiene ventanas dado que se trata de construcciones de adobe, esa mezcla de barro, arcilla, paja u otras fibras cuya virtud esencial es que mantiene el aislamiento térmico de los calores del día y el frío de la noche, son zonas de amplitud térmica pronunciada.
Como no podía ser de menos, comimos pimientos rellenos, rociado con un buen vino local.
Regresamos pasadas las cuatro de la tarde con la misma nostalgia que deja toda partida.
No sé si fuimos como turistas, excursiones o viajeros, lo pasamos bien y nos queda lo más importante que almacenamos en la vida, un lindo recuerdo.
Buen viaje en Aerolíneas Argentinas, sigue siendo nuestra compañía, lástima que no controlen el peso y tamaño del equipaje que debería ser despachado.
Una sugerencia: supriman el “refrigerio”; es un gasto sin sentido. En todo caso, en viajes de más de dos horas se podría ofrecer algún menú de pago.
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