Por Luis Alejandro Rizzi.-

“Los cambios sin precedentes en un siglo se están acelerando”. “La situación internacional atraviesa un período marcado por turbulencias y transformaciones entrelazadas”. “El mundo vuelve a encontrarse en una nueva encrucijada histórica”. Xi Jinping

Se advierte una clara diferencia de estilo; Trump, chabacano y eufemista; Xi mucho más estilizado y profundo, como surge de algunas de sus declaraciones que transcribimos del diario “El País,” para iniciar esta nota.

Además, Xi puso el límite de la trampa de Tucídides que es Taiwán, como era previsible, como referencia esencial del encuentro.

También se refirió al estrecho de Ormuz y a la necesidad de mantener su libre navegación.

Lo demás, lo que conversaron cara a cara, será difícil de conocer, porque carecemos de la significancia de la gestualidad

Xi, al referirse a la trampa de Tucídides, ya no lo hace desde una posición emergente, sino más bien de pares y como tales deben negociar, como decía Ortega, sobre cosas muy concretas que hacen a los intereses de las dos grandes potencias. Trump se presentó y ubicó más bien como “marketinero” y campechano y Xi lo mira desde la cima del estadista.

En estos niveles no existe la amistad personal, como se encargó de decir Trump; no son amigos, ni tampoco lo son entre sí China y EEUU; si lo fueran, Tucídides quedaría “off the play”.

El 4 de febrero de 2022 China y Rusia declaraban: “Los intentos de algunos Estados de imponer sus propias “normas democráticas” a otros países, de monopolizar el derecho a evaluar el nivel de cumplimiento de los criterios democráticos, de trazar líneas divisorias basadas en la ideología, estableciendo incluso bloques exclusivos y alianzas de conveniencia, no son más que una burla a la democracia y van contra su espíritu y sus verdaderos valores”.

No cabe duda, China y EEUU son potencias en pugna.

En esa declaración común hay otro dato, la expresión “soberanía estatal y la integridad territorial” que se usan como sinónimos, en clara referencia a Taiwán y Ucrania, que corresponderían al concepto de integración del territorio soberano de China y Rusia respectivamente.

Trump podrá decir que sus reuniones son fantásticas y que ambos países tienen destinos utópicos.

En este mapa geopolítico, China ya no sería potencia emergente sino una potencia establecida, y EEUU y Rusia serían las declinantes.

Es la diferencia que existe entre Xi Jinping, por un lado, y Putin y Trump por el otro.

Xi tiene convicciones, y Putin y Trump no pasan de ser simples “tartufos”.

Xi tiene resto para esperar; los “tartufos” en el siglo del Poder, no.

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