Por Gabriel Boragina ©
Comencemos con una definición clásica de la deflación:[1]
Deflación. Situación opuesta a la inflación en la que aumenta el valor de la unidad monetaria como resultante de la baja de los precios. Se produce deflación cuando la masa monetaria crece a un ritmo menor que la oferta total de bienes y servicios. En la práctica esto casi nunca sucede, pues los gobiernos aumentan la oferta monetaria a un ritmo suficiente como para compensar ese crecimiento: de no hacerlo podrían darse bajas en los salarios nominales, con el consiguiente malestar social que esto produciría. Las situaciones de deflación, por lo tanto, ocurren sólo cuando se produce una recesión intensa: en este caso es la demanda global la que disminuye y no la oferta física la que crece; ante esta baja de la demanda la cantidad de dinero existente resulta insuficiente en proporción a la oferta que ya está en el mercado, por lo que los precios tienden a bajar.
Esa definición del notable profesor Sabino comienza señalado en primer término el efecto de la deflación para recién en la segunda oración aludir a la causa : «Se produce deflación cuando la masa monetaria crece a un ritmo menor que la oferta total de bienes y servicios».
Sin embargo, nosotros preferimos definir la deflación, simplemente, como el reverso de la inflación siguiendo a los autores de la Escuela Austríaca de Economía. Si estos caracterizan a esta última como la expansión de la masa monetaria que hace el gobierno, su contrario, es decir la deflación, será la contracción de esa misma masa. Y sus efectos también serán inversos: si la inflación deprecia la unidad monetaria, la deflación la apreciará (en este último sentido coincidimos con la definición de Sabino, excepto en cuanto parece asimilar los conceptos de precio y de valor que no son sinónimos).
En ambos casos, tanto la apreciación cono depreciación siempre surge del contraste entre el precio de la moneda respecto de otros bienes y servicios. Por eso -en economía- se habla de precios relativos.
Cuando se comparan dos bienes monetarios (o lo que es lo mismo dos monedas de signo diferente) si el gobierno impide que una de ellas se aprecie o deprecie por fijarle un precio X -con independencia de cuál sea su oferta o demanda- esto influirá en el precio del resto de las monedas con las cuales «compite» en el mercado. Y también de los demás bienes por los que se intercambien esas monedas.
Si se le fija un precio máximo al dólar en pesos, el precio del peso se verá artificialmente sobrevaluado en relación a aquel
Los precios del resto de los bienes y servicios parecerán «bajar» en pesos y «subir» en dólares.
Por ejemplo: si -hipotéticamente- un litro de X (donde X puede ser cualquier tipo de fluido) cuesta 10 pesos y el peso equivale a 5 dólares, necesitaré 50 dólares para comprar un litro de X. Pero si el peso equivale a 10 dólares, necesitaré 100 dólares para comprar ese mismo litro de X. Si bien el gobierno dirá que en este escenario hay «deflación» esto no es cierto, porque no es que hubiera disminuido la oferta de pesos, sino que -manteniendo constante la misma- el gobierno simplemente manipuló el tipo de cambio fijando un precio máximo al artículo (moneda) cuyo precio se procuraba bajar o mantener en un determinado nivel.
Como los pesos los fabrica el gobierno (que tiene el monopolio de la emisión) puede fabricar la cantidad que quiere, o sea, expandir la oferta monetaria sin que se traslade a los precios de los demás bienes y servicios en tanto y en cuanto esos mismos bienes y servicios tengan demanda en dólares sin que esos precios suban en pesos, pero si pareciendo subir en dólares. La consecuencia es una inflación reprimida en pesos y otra inflación aparente en dólares (aparente porque el gobierno, en realidad, no está emitiendo dólares, porque no puede hacerlo). No puede emitir dólares, pero si puede (y lo hace) por decreto establecer a cuantos pesos equivaldrá cada dólar. O lo que es lo mismo: a cuantos dólares equivaldrá cada peso.
No hay deflación porque no hay ninguna contracción monetaria, el gobierno no está emitiendo menos, sino que emite lo mismo o más, si quiere. Y simula no haber inflación en pesos porque el tipo de cambio esta fijo o flotando dentro de una banda, como sucede en Argentina con LLA.
Si, además, se endeuda en dólares, mas aun se apreciará (en esa relación) el peso, porque habrá en oferta más dólares que pesos circulando.
Ahora bien, siendo digitado por el gobierno todo este circuito, lejos podemos estar de hablar de una situación «de mercado», y menos aún «libre, liberal o libertaria».
La inflación (aunque oculta) existirá, y su represión mediante este ardid no puede ser eterna. En tal situación, existirá lo que economía se denomina como atraso cambiario.
La moneda sólo es un bien más como cualquier otro
Y los precios de cualquier bien (monetario/no monetario) o servicio fijados por decreto en cualquier nivel, no son mas que precios políticos, no de mercado, y su efecto es el de la distorsión de los precios de mercado de los artículos sujetos y abarcados por esos precios políticos.
De esta manera el control de cambios opera como un control sobre el resto de la economía, porque la moneda es un medio de cambio por excelencia para todos, absolutamente todos los restantes bienes y servicios. Es una típica política dirigista.
Y esta es, y sigue siendo, la del gobierno de LLA.
—————————–
[1] Carlos SABINO; Diccionario de Economía y Finanzas. Contiene léxico inglés-español y traducción de los términos al inglés. Consultores: Emeterio Gómez; Fernando Salas Falcón; Ramón V. Melinkoff. CEDICE. Editorial Panapo. Caracas. Venezuela. Voz respectiva. Pág. 49
Deja una respuesta