Por Carlos Tórtora.-
Javier Milei decidió escalar en su guerra diplomática con Irán al ordenar al encargado de negocios de ese país en Buenos Aires, Moshen Soltani Therani, que abandone la Argentina. Lo hizo como respuesta a la airada reacción de la cancillería iraní ante la declaración como organización terrorista de la Guardia Revolucionaria Islámica, realizada por el gobierno argentino.
Esta operación de Milei apuntaría en dos direcciones: por un lado, a complacer a la Casa Blanca y ratificar que el gobierno libertario es el único aliado incondicional de Washington en América Latina. Esto, aparte de la identificación absoluta del gobierno con la gestión de Benjamin Netayanhu.
Pero habría otra finalidad, tal vez más urgente, y es crear un nuevo escenario de distracción que sirva para tapar mediáticamente los casos de $LIBRA y Adorni.
Hasta ahora, el régimen iraní eludió deliberadamente darles importancia a los ataques del gobierno argentino, lo que no quiere decir que siga en la misma línea.
A partir de ahora no se puede descartar la hipótesis de que la Guardia Revolucionaria termine declarando que, por ejemplo, las sedes diplomáticas de Argentina en Medio Oriente o los barcos de nuestra bandera pasen a ser objetivos militares.
De llegarse a estos extremos, el ruido sería tan grande que sin duda la corrupción oficial y hasta el malestar social pasarían por el momento a segundo plano.De llegarse a estos extremos, el ruido sería tan grande que sin duda la corrupción oficial y hasta el malestar social pasarían por el momento a segundo plano.
Jugando con fuego
De ser así, estaríamos ante el segundo intento de la Casa Rosada para inmiscuirse en la guerra del Golfo Pérsico. El primero fue la utópica mención a la posibilidad de enviar naves de guerra.
De más está decir que al extremar su enfrentamiento con Irán, Milei está de algún modo jugando con fuego y arriesgándose a meterse en un juego en el que no puede controlar casi nada. Hasta ahora, el líder libertario se vio beneficiado por la relativa indiferencia de Irán, lo que le permite endurecerse sin pagar casi ningún costo.
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