Por Luis Alejandro Rizzi.-
No cabe duda alguna que la “marcha universitaria” fue una manifestación política; por eso suena estúpido intentar descalificarla llamándola “política”.
No tuvo el tinte de una marcha partidaria. Sí fue una marcha de protesta contra el gobierno, por parte de unas cuatrocientas o quinientas mil personas si sumamos las realizadas en varias ciudades del interior del país.
No viene a cuento la cantidad, sino el motivo de la protesta, que expresó de algún modo lo que vienen anticipando varias encuestas. Son más los que rechazan al gobierno que los que lo aceptan.
En estas épocas no es fácil movilizar a la gente, y esta marcha tuvo un componente mayor de espontaneidad que de obediencia.
No creo que el gobierno pudiera lograr una movilización de apoyo de esa magnitud. Por ese motivo supongo que debe haber preocupación y tomar conciencia de que la gente está harta de las psicopatías o “emocionalidades intensas” del tal Javier Milei y de Lady Milei, caricatura de Lady Macbeth y de Cristina, retrato de una déspota de conventillo.
Los funcionarios -la gran mayoría- lucen como eunucos de nivel “snob”, y pollerudos a quienes un simple sonido del teléfono les suena como el sesgo de una filosa guadaña.
Es cierto que no hay plata, pero eso no quita que los estados siempre dispongan de recursos, por cierto escasos, con relación a las necesidades, por eso la cuestión no pasa ni por la “motosierra” ni por el recorte indiscriminado de gastos.
El gobierno de Milei no es ni liberal ni libertario, ya que gobierna en contra del principio de la diferencia, que hace a la esencia de un régimen político liberal y a principios liberales de justicia.
La marcha o movilización política contra el gobierno no constituye sólo un reclamo por la “cuestión universitaria”; es la expresión de una queja contra un modo psicopolítico de gobernar.
El gobierno no lo entiende ni lo entenderá, porque es la “cuestión” de la Argentina y de la política.
Hoy por hoy, no hay nada a la vista, sólo un yermo horizonte.
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