Por Carlos Tórtora.-
Karina Milei y Patricia Bullrich pactaron una tregua para evitar que se paralicen los proyectos del oficialismo en el Congreso, en especial la reforma electoral. Pero las cuentas no están saldadas. Para los Milei, Bullrich montó una trama con la UCR y el PRO para bloquear el tratamiento en el Senado de la reforma electoral y presionar para que se debatiera primero Ficha Limpia en forma separada y luego un proyecto nuevo de primarias no obligatorias. En síntesis, para el gobierno la senadora los traicionó e intenta frustrar el plan para la reelección presidencial.
La tensión, lejos de disminuir, va en aumento y en este itinerario habría un plazo fijo. Tanto Manuel Adorni como el propio Milei afirmaron en los primeros días de este mes que a fin del mismo, con la presentación de la declaración jurada del primero, quedaría explicado de dónde surgieron los fondos para cubrir los enormes gastos y se caerían entonces las acusaciones.
El caso es que Bullrich cuestionó esta promesa, poniendo en duda que Adorni pueda cumplirla, al exigirle que presente la declaración jurada cuanto antes.
Técnicamente, la realidad es que hay varias razones por las cuales el jefe de Gabinete no podrá cumplir su promesa. La más importante es que resultaría imposible justificar el casi medio millón de dólares gastado por Adorni en el 2024, por la sencilla razón de que en la declaración jurada de ese año constaron ingresos mucho menores. No se puede corregir la declaración jurada de un año atrás
Si Adorni reconociera que sus ingresos del 2024 fueron mucho mayores que los declarados, estaría reconociendo que presentó una declaración jurada falsa. O sea, estaría incurso en el delito de falseamiento y omisión en la declaración jurada, previsto por el artículo 268 ter del Código Penal. Correspondería entonces su procesamiento y su permanencia en el cargo sería insostenible.
La cuenta regresiva
Obviamente Bullrich sabe que está transitando una cuenta regresiva de pocos días y que deberá tomar a fin de mes una decisión que marcaría su futuro político.
Si Adorni no presenta a fin de mes su declaración o la misma es un bluf, Bullrich tendría que optar. Si privilegia su continuidad en la mesa política del gobierno, debería callarse o avalar lo que haga Adorni. Pagaría entonces un alto precio, porque sus chances para ser presidente disminuirían. Y tampoco recuperaría la confianza de los Milei, porque en realidad nunca la tuvo.
La otra alternativa es decir que Adorni no justificó sus gastos y pedir su renuncia. Esto es, dar el portazo o esperar que Milei la eche, lo que no tardaría mucho. No parece haber para la senadora una tercera alternativa. Sobre todo si ella pretende mantener sus ambiciones para el 2027.
Si la senadora diera efectivamente el portazo, se abrirían múltiples posibilidades, por ejemplo que se fracturen los bloques libertarios de senadores y diputados entre mileístas y bullrichistas.
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