Por Luis Alejandro Rizzi.-

Tal como lo dijimos hace tiempo, Intercargo no le interesa al capital privado, pese a que no se trata de una empresa deficitaria.

El valor de la empresa era esencialmente el privilegio de ser una empresa monopólica en la prestación del servicio de handling.

La cuestión es que en el país unos pocos aeropuertos son rentables para la prestación de esos servicios, a lo que se suma que en Aeroparque no hay espacio físico para varios explotadores.

Dadas nuestras características y volumen de tráfico aéreo es probable que la desregulación haya sido un error y los servicios de handling deberían ser prestados por el explotador aeroportuario de modo directo o bajo el sistema de concesión comercial.

Nosotros proponíamos su disolución y liquidación, política que ratificamos nuevamente.

El gobierno es dogmático y, si bien nosotros somos partidarios del principio de subsidiariedad, la privatización de empresas no se puede hacer a la bartola.

Otra posibilidad es dejar librado a los transportadores la prestación del servicio de handling, bajo la modalidad que consideren más eficaz.

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Esteban Bullrich nos acaba de dar una lección de moral política al renunciar de modo irrevocable al PRO, que con su cambalachesco comportamiento con relación al tema “Adorni”, mostró que defiende las patéticas miserabilidades de las miserias de varios de sus dirigentes, quizás empezando por el propio Macri y siguiendo con el jefe de bancada de diputados.

Carlos Pagni decía en “La Nación”, en su columna de los jueves: “El centro del emporio político-comercial de Insaurralde siguió siendo el juego. Lo reconocieron hasta los funcionarios de María Eugenia Vidal, que lo buscaron como interlocutor para el reparto del gran botín de las apuestas digitales. Los protagonistas de la negociación fueron Federico Salvai, del Pro, e Insaurralde”.

Antes Pagni también nos contaba que: “Para completar el tablero hay que enfocar otra ficha: Daniel Mautone. Hoy es uno de los grandes empresarios del sector en la provincia. Además, es un próspero desarrollador inmobiliario en Pinamar, cabeza a cabeza con Cristian Ritondo: se entiende que Ritondo no quisiera interpelar al mísero Manuel Adorni.”

Se comprueba una vez más que un hilo de corrupción tira más que un pelo vaginal.

Esteban Bullrich demostró que es diferente y que, en la vida, en especial en la pública, hay valores irrenunciables.

El argumento de no quedar pegado al kirchnerismo es agraviante a la gente de bien.

Macri, Ritondo, el PRO, optaron por “Adorni”; vale aquello de “por algo será…”, no precisamente algo bueno.

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