Por Luis Alejandro Rizzi.-

A veces el paroxismo llega a límites surrealistas, como es el de hablar o distinguir entre macro, micro economía o economía real.

Unas andan bien y las otra no, es como confundir diagnóstico con autopsia.

Ya lo hemos dicho más de una vez, la economía es una y esa distinción de economía, entre macro, micro y real, no deja de ser un pésimo marketing, para generar falsas esperanzas de futuros “brotes verdes” de mejores tiempos inmediatos que nunca llegarán.

Si una mayoría piensa que mañana estará peor que hoy, que el salario no alcanza y que no puede cumplir con sus obligaciones, es obvio que algo falla en la economía del país que excede las relaciones entre privados, como se dice con hiriente cinismo.

La “economía” no anda bien porque se financia con recursos con destinos específicos malversando su uso, lo que se convierte en defraudación cuando se le dice a la sociedad que las cuentas están en orden y que hay superávit, lo que es una falsedad. La subejecución presupuestaria es otra prueba de que “varios algos” no funcionan como es debido.

La caída del consumo es otra consecuencia de que la economía no funcione; no sirve el artilugio de derivarlo a la “micro”.

El resultado de la gestión de cualquier gobierno se pondera por el uso prudente de los recursos y la inversión en el capital imprescindible para construir y mantener una infraestructura óptima.

Vale un simple hecho que demuestra la falta o pésima calidad de la gestión. Todos los días alguna de las líneas ferroviarias de cercanías tiene demoras o cancelaciones por problema técnicos. ¿Es posible que no se pueda hacer funcionar 200 kilómetros de trenes…?

Si esa falencia se debe a falta de recursos, el problema no es de la “macro”, yo diría simplemente de la economía.

Javier Milei vive en una alucinación permanente, “drogado” por sus propias adicciones teóricas y, parafraseando a Hegel, cree que “su imaginación alucinada es lo real y lo real es su imaginación”.

Por eso vive en un brote psicopolítico en continuado.

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