Por Carlos Tórtora.-
En la Casa Rosada, la gira de Javier Milei por los EEUU es calificada reservadamente como pésima. Es que el presidente no sólo no pudo reunirse con Donald Trump sino que Marco Rubio lo atendió 10 minutos en un pasillo. Pero Trump sí se reunió, en cambio, con el primer ministro inglés Andy Burnham. Con este contexto tan poco alentador para la malvinización, no es de extrañar entonces que el discurso presidencial resbalara hacia la intrascendencia.
El discurso de ayer de Javier Milei ante la Asamblea General de la ONU es una versión light del discurso malvinizador del pasado 3 de septiembre que se transmitió por cadena nacional. La versión de ayer habría estado marcadamente influida por Luis Caputo y Pablo Quirno, que trataron de atenuar al máximo cualquier mención que pudiera intranquilizar a los mercados y poner sobre alerta a las empresas que invierten o pueden invertir en el país.
Así es que en su primer discurso, Milei planteo prácticamente una guerra económica contra Gran Bretaña. Entonces remarcó que se aplicarían con rigor los procedimientos sancionatorios de la ley 26569 y amenazó a los empresarios con que debían optar entre negocios ilícitos en Malvinas o legales en Argentina.
En cambio ayer fue sobrio y casi escueto. Mencionó como al pasar a Sea Lion y las sanciones a empresas, sin enfatizar en lo más mínimo que se trata de una estrategia de confrontación.
Ayer estuvo ausente también toda mención a la reivindicación argentina de los recursos energéticos del Atlántico Sur. Y hubo también otra omisión significativa: Milei no mencionó su decisión de construir la Base Naval Integrada de Ushuaia y tampoco habló del interés geopolítico argentino en la región.
En síntesis, la de ayer fue una pieza oratoria destinada a no agredir a Gran Bretaña pero sobre todo a los capitales. Se abre ahora la incógnita de si no estamos en los prolegómenos de una nueva desmalvinización.
Razones para un giro
Este giro hacia una malvinización light se explicaría por varios motivos. Para empezar, el efecto malvinizador en las encuestas sería ampliamente decepcionante para el oficialismo. Milei ni siquiera habría subido un punto y el tema no tuvo el impacto social esperado. El segundo motivo -y ya lo mencionamos- es que las empresas candidatas a ser sancionadas integran en la mayor parte de los casos los lobbies más cercanos a Caputo y Federico Sturzenegger.
Hay un tercer factor que ya mencionamos: en el entorno presidencial se visualiza que las señales de apoyo de Trump no sólo son escasas sino también confusas.
Habrá que ver ahora qué empeño pone el gobierno para que el Congreso sancione el controvertido proyecto de ley de Defensa de la Soberanía Nacional.
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