Por Carlos Tórtora.-.

Con obvias diferencias entre ambos, Federico Sturzenegger podría convertirse en un nuevo Adorni. La principal diferencia es que Adorni era un protegido de los hermanos Milei mientras que el Ministro de Desregulación era amigo del presidente pero para nada de Karina. Igual que ocurrió con Adorni, el derrumbe de Sturzenegger podría ser un entretenimiento apto para distraer la atención de una sociedad angustiada por la crisis económica.

Es sugestivo que se haya difundido que el jueves pasado, cuando el oficialismo se debatía en el Senado tratando de defender el proyecto de inviolabilidad de la propiedad que es de su autoría, Sturzenegger se relajaba en Punta Cana participando de un distendido foro en defensa de sus ideas.

Fuentes cercanas a Karina mencionaban ayer que no sería de extrañar que se active en tribunales la denuncia del abogado Juan Fazio requiriendo la investigación del contrato celebrado por la Asociación Argentina de Cultura Inglesa (AACI) y la Cancillería. El instituto estaba representado por su presidenta, María Rouillet, esposa de Sturzenegger. El contrato es para actualizar el inglés de los funcionarios de Cancillería y su monto de 114 millones de pesos supera en un 398% al anterior. Además, la adjudicación fue directa, o sea, sin licitación.

A diferencia de Adorni, Sturzenegger no es un marginal en la función pública. Tiene estirpe propia y paterna en el Estado y una situación patrimonial importante que dificulta las acusaciones.

Festejos de Caputo

Además, hay otros factores en juego. Dicen que pese a los gritos de Milei anunciando que lo echaría por haber causado pérdidas al estado por 300 millones de dólares con su intento de desregular el practicaje, Sturzenegger gozaría de cierta protección de Cristalina Georgieva, que sería su madrina política.

Como es obvio, la caída en desgracia de Sturzenegger complacería y mucho a Luis Caputo y también a Santiago. No hay ninguna duda acerca de que el Ministro de Desregulación, que es muy impopular, reúne todas las condiciones como chivo expiatorio para distraer la atención del derrumbe de la política económica. Pero el problema es justamente que Sturzenegger no es Adorni y puede no aceptar ser el chivo expiatorio. Su poder de fuego y su agenda no son temas menores.

Pero en este tema hay matices, porque también existe la versión de que la embestida contra Sturzenegger sería sólo de Karina y no de su hermano, que no querría ahora una renuncia tan conflictiva.

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