Por Carlos Tórtora.-

En menos de 24 horas, el clima político pasó de expresar el apoyo incondicional a Manuel Adorni a dar por hecha su renuncia. Semejante vuelco sólo es posible si Javier Milei, directa o indirectamente, lo ordenó. La carrera desatada para suceder al jefe de gabinete tiene en todos los casos una importante limitación. Cualquiera que ocupe el cargo deberá pedirle instrucciones diarias a Karina, que es la verdadera jefa de gabinete. Así es que sea Pablo Quirno, Diego Santilli u otro, su verdadera importancia político-institucional será casi ínfima.

Más complicado es evaluar el factor más delicado en la inminente caída de Adorni. Para empezar, Milei pagará costos altos o muy altos. Lo sostuvo a Adorni en forma incondicional durante casi tres meses. Le mintió al país 40 días atrás cuando dijo que conocía las explicaciones en la nueva declaración jurada y que le parecían correctas. Hace sólo 72 horas, afirmó que era «plausible» la explicación de Adorni sobre su enriquecimiento con Bitcoin.

Dijo además que Adorni «ni en pedo» dejaría su cargo. Se trata de demasiados errores gruesos como para no tener un alto costo político.

Es cierto que, de producirse la renuncia de Adorni, quedaría neutralizada la ofensiva opositora para la moción de censura y la remoción. Pero, por otra parte, aumentaría el riesgo judicial. Para un juez pragmático como Ariel Lijo, el costo político de procesar a un ex jefe de gabinete es bastante menor que si estuviera en el cargo. Esto, a su vez, aumentaría el riesgo de que un Adorni quebrado diga inconveniencias sobre, por ejemplo, el caso $LIBRA.

En términos políticos, la pregunta correcta sería si las consecuencias del Caso Adorni sobre la supuesta reelección de Milei serán graves. En este sendero, el agravamiento o la licuación del tema dependería de si el caso se ramifica, por ejemplo, en su relación con el escándalo de $LIBRA, probablemente el único tema con capacidad de golpear en forma irremediable la carrera política de Milei.

Pero hay una salvedad: si de la investigación sobre Adorni se pasara a otra sobre los negocios de Karina Milei, estaría en juego la estabilidad del presidente. Si Karina llegara a «adornizarse», las consecuencias podrían ser muy graves.

Oposición todavía débil

Para la oposición, un corte hasta la caída de Adorni mostraría que la capacidad de presión sobre el gobierno aumentó bastante pero no lo suficiente como para frenarlo.

El rol pendular del PRO, la UCR y los gobernadores dialoguistas sigue sirviendo para que el gobierno evite lo peor, como evitó ahora la moción de censura. Y, una vez más hay que decirlo: el peronismo quiere a un Adorni que pierda pero que compita. El eventual derrumbe del gobierno es una posibilidad que tanto axelistas como cristinistas prevén como muy negativa.

Con el principal partido opositor cuidándote las espaldas, Milei tiene así, paradójicamente, mayor margen para sus excesos y para profundizar el sistema de corrupción generalizada que impusieron los libertarios.

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