Por Carlos Tórtora.-
Osvaldo Jaldo es sin duda el más díscolo de los gobernadores amigos del gobierno. Lo acaba de demostrar anteayer anunciando que había firmado el decreto disponiendo que el próximo 9 de mayo habrá elecciones provinciales. Es decir que Tucumán desdobla y se despega de la elección presidencial de octubre, privándolo a Milei del arrastre que significaría unificar la fecha de las dos elecciones. No parece casual que Jaldo le aseste este golpe a la Casa Rosada cuando Diego Santilli está gastando sus últimos cartuchos para conseguir que los gobernadores apoyen en el Congreso la suspensión de las PASO.
Sin duda que en la decisión de Jaldo influyó la firme intención del exministro del Interior Lisandro Catalán, de disputarle la gobernación como candidato de LLA.
Ahora el verdadero temor de los Milei es que lo de Tucumán sea el disparador de una cadena de adelantamientos que antes de fin de año podrían decidir los gobernadores de Neuquén, Santa Fe, Córdoba, Buenos Aires, Misiones, Salta, Jujuy, Chaco, La Pampa, etc.
En este aspecto, no hay ayuda económica nacional a la provincia que pueda evitar los desdoblamientos. Milei parece timonear el Titanic y son muy pocos los gobernadores -sólo Alfredo Cornejo y Rogelio Frigerio-, que aceptarían atar su suerte electoral a la del presidente.
Una vez que se hayan impuesto en la elección local, los gobernadores decidirán entonces qué hacer en octubre.
La otra ola
Pero detrás de los desdoblamientos que se vienen hay otro proceso. Y es la posibilidad de que unos cuantos de los gobernadores peronistas no sólo desdoblen sino que se alejen definitivamente de los Milei y apoyen para presidente a Axel Kicillof o al peronista que resulte candidato. Si las encuestas confirman que la mayoría del electorado local votará en la presidencial al PJ, ¿por qué el gobernador quedaría pegado entonces a la derrota de Milei?
La vuelta de varios gobernadores peronistas al seno del PJ sería probablemente un golpe mortal para la reelección de Milei. En los últimos 60 días, ilusionada y sin tener en cuenta la astucia de los caudillos provinciales, Karina empezó a enfriar a la dirigencia de LLA en muchas provincias. Es que había que privilegiar los acuerdos con los gobernadores. Luego de cinco meses de interminables marchas y contramarchas, los Milei recién ahora estarían percibiendo que pisaron una trampa.
La catarata de números negativos del gobierno en las encuestas y la evidencia de que la economía real no se reactivará, están poniéndole una lápida a la aventura libertaria.
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