Por Paul Battistón.-
Es posible ver la tierra con una imagen casi puramente líquida en una posición de aproximación justo sobre el Pacifico. Mirando desde el espacio indicaría estar frente al planeta agua con apenas algunas salientes por sobre el nivel del líquido. Nada especial que haya requerido la atención después de finalizada la WWII habría cambiado nuestra percepción del planeta como de tierra con accidentadas separaciones de agua.
El desarrollo de los acontecimientos geopolíticos de mayor trascendencia reunidos en el continente Europeo y en medio oriente siempre dio ventaja a esa vista de grandes manchas de tierra firme (el planisferio escolar) por sobre cualquier representación de supremacía acuática.
Donald Trump ha girado el globo. Ha sido él quien lo ha hecho y nadie más. No se trata de una concesión sino de la forma correcta de entender el futuro y entenderlo significa participar de su delineado y de una carrera para llegar a él primero (como Bill Gates proponía en los 90)
Hasta la administración Biden el giro de las prioridades (ya agotadas) continuaban ese sentido antiguo que seguían encontrando al final en la lejanía de oriente a China. Era solo una forma de dormir las oportunidades en un sueño obsoleto y en un juego de simbolismos (posiciones geográficas) agotados. El delirio de priorizar la atención en una estructura obsoleta (OTAN) convertida por su costo e inercia política más en un freno (anclaje en el pasado) que un sistema defensivo, desviaba la atención perdiendo la perspectiva del inminente futuro a gestarse.
El contrapeso causante de la necesidad de la OTAN, la URSS y el pacto de Varsovia ya llevaban más de 30 años extintos y los mismos socios de EEUU en la OTAN con sus miopías recurrentes y posteriormente en sus derivas progresistas intoxicadas desde una usina de corrección llamada ONU fueron los principales causantes de liberar el nuevo intento de resurgimiento de las aspiraciones del matón del barrio. Se podría decir que la OTAN europea necesita dejar renacer al monstruo a su frente para sostener su propia existencia solo que no advirtieron la capacidad de incorrección de Trump quien solo tenía en sus objetivos la continuidad de EEUU (América entera en sus delirios) como potencia primera y estos objetivos van a contramano de seguir subordinado al progresismo instalado en la ONU, a las agendas de políticas perversamente wokes y al viejo esquema de bloques heredados de la posguerra.
El futuro de la humanidad se está desarrollando curiosamente en el círculo de fuego del Pacifico mientras en la diametralidad persiste la tendencia a abrir fuego.
Sobre el Pacífico se está desarrollando una guerra de lazos que tejen el futuro de la humanidad, sobre el centro del viejo planisferio escolar se están desarrollando los últimos ejercicios del pasado.
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