Carlos Tórtora.-

El fracaso es hoy el factor determinante de la situación del gobierno. Hace un mes y medio, con la renuncia de Manuel Adorni, los Milei respiraron aliviados: por fin se destrabaría la paralización del Congreso y el gobierno recuperaría la iniciativa política. Pero nada de esto ocurrió.

Diego Santilli asumió la jefatura de Gabinete como el gran gestor de los nuevos acuerdos con los gobernadores aliados. Pero todo salió al revés. Unos cuantos gobernadores dieron el portazo y voltearon en el Congreso la extranjerización de tierras. El tucumano Osvaldo Jaldo inauguró la ola de desdoblamientos de elecciones provinciales. En Santiago del Estero, Gerardo Zamora puso en ridículo a LLA, que obtuvo un irrisorio 8% en la elección municipal de la provincia.

El resultado es que el Congreso vuelve a estar tan paralizado como lo estaba con Adorni. Nadie sabe cuándo se tratarán la media sanción pendiente de la inviolabilidad de la propiedad, la reforma del Banco Central y la Inocencia Fiscal. El fracaso de Karina es entonces obvio, porque además la gestión de gobierno está paralizada. Y, obviamente, la supresión o suspensión de las PASO, que era inminente después de la caída de Adorni, se complica cada vez más.

Mientras la política oficial se estrella contra la realidad, Milei se dedica a recorrer Quito y Bogotá buscando apoyo para convertirse en el líder de la nueva derecha latinoamericana, para lo cual no reúne consenso ante sus pares.

Mientras tanto, la mayor parte de las encuestas van mostrando que el tercio que apoya al gobierno tiende a contraerse y algunos insinúan que podría convertirse en un 25%.

A todo esto, la inflación en la Capital se disparó al 2,9% contra el 1,8% de junio, desmintiendo la tendencia a la baja pregonada por Luis Caputo.

La culpa es de los demás

El obvio fracaso político de Karina desde ya que no es asumido por el gobierno.

Los Milei dan así la peor respuesta posible a la crisis que los va arrastrando: la niegan. Llegó entonces la hora de la solución que suelen aplicar los gobiernos autoritarios, esto es, recurrir a los chivos expiatorios.

Uno de ellos es Federico Sturzenegger, al cual culpan por la crisis de la ley de tierras y de la desregulación del practicaje por el Decreto 690/2026, como si no se tratara de reformas que Milei en persona aplaudió. Otra señalada es Patricia Bullrich porque insistió en seguir adelante en el Senado con la ley de tierras que iba al fracaso. Karina, en este caso, se regodearía porque el traspié de la senadora la afecta en su carrera presidencial.

El tercer chivo expiatorio y el más importante es Luis Caputo, el ejecutor de una política económica que Milei explícitamente aplaudió cientos de veces. ¿O en qué se apartó Caputo de las directivas del presidente? ¿Quien repitió permanentemente que Caputo era el mejor ministro de economía de la historia?

En síntesis, los Milei parecen incapaces de salir de la propia crisis que ellos generaron y se dedican a culpar a sus propios operadores. Un síntoma de la descomposición política avanzada que sufre el gobierno.

Share