Por Luis Alejandro Rizzi.-

Es posible que esta nota aparente ser sólo un juego de palabras, pero mi hipótesis es que, para ser un buen ortodoxo, hay que ser, asimismo, un buen heterodoxo.

La ortodoxia exige ser fiel a ciertas creencias, y respetar valores culturales que orientan la actuación o acción y potencian el criterio para tomar decisiones, y ponderar sus consecuencias.

En síntesis, la ortodoxia exige actuar moralmente, conforme a inclinaciones racionales que nos permiten distinguir el bien del mal, y esto depende también de las diferentes realidades que es donde la heterodoxia se convierte en virtud.

Aclaremos, eso no impide caer en el error, es uno de los riesgos de cada decisión.

La heterodoxia no significa dejar de lado una convicción o creencia, sino saber adecuarla o adaptarla a una realidad.

Entre estos extremos se desarrollan los procesos, que siempre llevan sus tiempos.

Por eso, cuando se habla de “shock” o “gradualismo” hay que ser muy prudente.

Literalmente el “shock” es un choque; siguiendo a Gramsci sería el punto en que lo nuevo vence a lo viejo, pero lo nuevo necesita su tiempo, diríamos su gradualismo y su heterodoxia.

Me animo a decir que ser “culto” es entender, como decía Ortega, que la vida es un proceso que requiere una tarea, es entender lo que es la vida, lo que son las cosas y lo que es el mundo y el universo.

El arte de vivir es saber administrar la distancia que hay entre la ortodoxia y la heterodoxia. En lenguaje común, diríamos saber ver la vida en perspectiva.

Javier Milei no es una persona culta y mucho menos lo es su elenco, conformado por “ortodoxos” extremos, traders oportunistas y pescadores de oportunidades. Edenor y Metrogas pertenecen a un mismo dueño y probablemente sumen a AYSA; como decía Pagni, un mismo grupo se convierte en dueño de parte de los servicios esenciales en el conurbano, lo que significa que el colapso de una de ellas dejaría a esa zona sin servicios esenciales. Es obvio, hubo falta de criterio en la adjudicación y exceso de ortodoxia, ya que parecería que la oferta hecha por Metrogas se financiaría con endeudamiento de Edenor. Cualquier mediocre auditor señalaría esa anomalía, también expuesta por Carlos Pagni: “En este contexto, este jueves se produjo una noticia de gran relevancia: YPF vendió su participación en Metrogas. La licitación o concurso fue ganada por los dueños de Edenor, José Luis Manzano, Daniel Vila, Mauricio Filiberti y Ricardo Depresbiteris. Lo lograron a través del endeudamiento de la propia Edenor”.

No discuto la calidad de la ortodoxia mileísta, lo que la vuelve inmoral es su falta total de heterodoxia, diríamos “sensibilidad”.

La ortodoxia y heterodoxia opuestas llevan al desastre, porque lo viejo se tiñe de nuevo o lo nuevo es contagiado por lo viejo, como enseñó Gramsci, es la morbosidad de los tiempos.

Es lo que está viviendo la Argentina.

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