Por Italo Pallotti.-

En esta Argentina nuestra promotora de noticias, capaces de movilizar la proverbial modorra de muchos, buenas algunas veces y malas en otras tantas la capacidad de asombro no deja de tener motivos para conmoverse, una y otra vez. En el plano de las relaciones interpersonales del cuerpo social, por un lado, y en el orden de la política por el otro, todo se tiñe de claroscuro. Cuando aparece la futilidad en el mundo informativo, muy frecuente en estos tiempos, la importancia de hechos importantes se diluye; porque el cúmulo de lo primero hace perder interés por algún hecho saliente. No obstante, en estos días el comienzo del Mundial de Fútbol que parecía acaparar la atención general, en muchos momentos fue opacado por las persistentes informaciones del Caso Adorni; asunto que pasará a la historia de las comunicaciones como uno de los hechos más llamativos, curiosos y casi de varieté por la ferocidad con que se abordó el tema sobre la conducta del Jefe de Gabinete. Un muy calificado muestrario de “pecados” fueron fluyendo cada día, como una secuencia inagotable. De las muy graves y comprometedoras, incluso rosando la participación de su esposa, a la casi pintoresca por la compra en el rubro blanquería; esto último, en apariencia, comprado a nombre de una secretaria.

Mientras esto ocurre, la oposición en el Congreso prepara las armas para de algún modo destruir la pertinaz e inquebrantable solidez del auto sostenimiento del aludido funcionario y la cooperativa colaboración de algunos funcionarios; incluido, de manera contundente y de supuestas lealtades libertarias, el propio Presidente Milei. Este, por su parte, atribuye la movida a un escenario de conspiración contra el gobierno. En tanto, las postergaciones, con su habitual maestría en miembros del Congreso, van ganando tiempos preciosos para dilatar el juzgamiento del, hasta ahora, Jefe de Gabinete. Este verdadero pandemónium, en torno a su figura, no ha hecho otra cosa que ensuciar figuras que, en otro momento, gozaban de cierto prestigio frente a la opinión pública. Resulta, hasta gracioso, si no fuera ante todo grosero, el manifiesto de figuras del gobierno anterior, sobre el caso en cuestión, cuyo frondoso anaquel de sus salientes actos de corrupción da más para el silencio que para el alarido. Las posibles medidas de la interpelación, la moción de censura y otros instrumentos tienen acorralado a Adorni. Apenas si un paliativo como la renuncia de Vocero Presidencial a manos de otro hombre libertario (Adrián Ravier, pampeano), pueden apaciguar los efectos del tsumani que amenaza hacerlo naufragar en su carrera política. Todo lo expresado está encuadrado en un estado de supuesta inocencia por parte del hombre público; pero las pruebas están inmersas en un estado de plenitud, todas al parecer, contundentes; lo que lleva a expresar lo del título: “Cuando la inocencia en solo un cuento”. La aparente “celeridad” de la Justicia, en este caso puntual, dará su veredicto.

Mientras, siguiendo la rutina, la noticia sobre la “muerte del padre de Messi”; falsa de toda falsedad. Un torpe desliz de pseudos periodistas; condenable por donde se lo mire. El viejo dilema de la Vice Presidenta en cada acto público. Está o no invitada; donde se la ubica, etc., etc., y el “postre de la boda”, el avión sobrevolando La Matanza vociferando “¡Atención!, ¡Atención!, ¡Cristina es Inocente!, llenan el cartón penoso de una sociedad enferma que está a las puertas de la terapia intensiva; esperando que el criterio y la razón, finalmente, digan ¡Basta de estupideces, por favor!

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