Por Luis Alejandro Rizzi.-

La economía meramente matemática, la de las estadísticas y los “Exceles” es una “economía virtual” deshumanizada, como lo acotó alguna vez Edgard Morin.

Es probable que esa “economía” que pomposamente llamamos “macro” intente hacernos creer que la indigencia y la pobreza están bajando, que la baja de la inflación es un beneficio para el bien común y que es virtuoso que las cuentas estén en orden y exista superávit.

La pregunta obvia que se podría hacer el mismo Morin es “¿a quién benefician esos buenos resultados?”, y es obvio que la respuesta nos caería mal: “a unos pocos”.

Estadísticamente la pobreza baja, entre otros motivos, por las ayudas sociales que paga el gobierno, pero esos beneficios precisamente se le conceden “a los pobres”, que así desaparecen de la indigencia o la pobreza, pero siguen siendo “pobres”.

Otro síntoma de pobreza es la precarización laboral, que abarca la mayoría de los monotributistas y a quienes trabajan en la informalidad, que paradojalmente hoy parecen tener mejores ingresos que en la “formalidad”.

Sin embargo, es un modo de retroceder en el tiempo y volver al tiempo de la “changa” o las “ocupaciones transitorias”.

Además, ese segmento social carece de beneficios sociales y previsionales. Los primeros los suple “el estado” facilitando el acceso gratuito a los servicios de salud y educación, pero quedan sin soporte económico para el ocaso de la vida.

La precarización en la calidad del trabajono se registra estadísticamente como indigencia o pobreza, pero es suficiente con meterse en algún conurbano para verlo en vivo y en directo y son miles de personas, que como lo escuché decir a Andrés Malamud en la TV de Infobae, se van de la sociedad o de la ciudadanía, mejor dicho.

Pasa que, al crecer la precarización, la naturalizamos, pero además con hipocresía decimos “no trabaja el que no quiere”.

El trabajo informal es la forma moderna de la esclavitud libertaria.

Una de las cuestiones culturales fácil de explicar y difícil de entender es el concepto de “escasez”.

En nuestro caso, se disimuló la escasez durante décadas subsidiando los precios de la energía y el transporte, con lo que la gente poseía más dinero disponible y mayor capacidad de compra, es decir, “bajaba la escasez”.

Esa ficción se financió con deuda y emisión, creando un sistema que funcionó durante decenas de años con pleno empleo y pobreza naturalizada.

Podríamos decir que el pleno empleo era un signo de baja pobreza, cuando en verdad la pobreza se extendía de modo “subterráneo”. ¿La Argentina secreta de Mallea? Así naturalizamos los conurbanos y las villas, que ahora pretendemos urbanizar, institucionalizando un modo de pobreza supuestamente digna. Visto desde otra óptica, podríamos decir que aceptamos precarizar a la clase media.

No necesito decir que la Argentina está en una situación extremadamente compleja, administrada por “bárbaros” que se creen virtuosos.

La Argentina, económicamente hablando, está en un pésimo extremo, pero el error cultural consiste en creer que se sale desde el otro extremo, necesariamente fundamentalista, sin medir las consecuencias.

Se plantea el dilema de la mitología hindú de Hare Krishna, el consecuencialismo. Arjuna, luego del combate que ganó, se lamentó de que las consecuencias ocasionadas fueron peores, incluso murieron muchos de sus amigos.

Es cierto, en una sana moral no hay otra, el fin impone medios, pero no cualquier medio.

La incultura de los Milei les impide percibir esta realidad, por eso carecen de idoneidad para gerenciar el país.

Un rasgo de incultura es el dogmatismo ideológico. Cómo limitar el financiamiento del Tesoro, o la creencia que el déficit fiscal es causa de males.

La cosa es saber administrar, financiar con créditos la inversión de capital que deben hacer los estados.

Por ese motivo el proyecto de reforma del Banco Central es inoportuna y eufemista, le sirvió al presidente para agraviar y calumniar a Cristina y a Mercedes Marcó del Pont de haberle robado al central diez mil millones de dólares sin muestra ni exhibir una sola prueba, cuando nunca pudo explicar y ya no podrá el caso $LIBRA.

Dijo Milei textualmente: “Cristina Elisabet Fernández de Kirchner, en complicidad con la presidenta del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont, le robaron al Banco Central 10.000 millones de dólares, que expresados a moneda de hoy equivalen a 15.000 millones de dólares”.

Debería radicar la respectiva denuncia y fundarla debidamente, cosa que no hará, porque se trató de un mentira

En el estado faltó pericia por parte de los diferentes gobiernos; esa es la cuestión que parece insoluble.

Milei es una especie de “007” con licencia para mentir libertariamente.

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EL ODIO. Se conoció el DNU 681/26, inconstitucional y posible falsedad ideológica ya que hace mención a un Acuerdo general de ministros que no existió (art. 293 del código penal) para decir su sanción y los ministros refrendaron una falsedad.

La norma dispone que será impedimento para ingresar o permanecer en el país “haber dirigido mensajes de odio en forma oral o escrita, o incitado a la violencia contra el pueblo argentino en su conjunto, o contra algún ciudadano argentino, motivado en la nacionalidad de este último; haber realizado o participado en actos de ultraje de símbolos patrios nacionales; o haber incitado a cometer cualquiera de los actos previstos por el presente inciso. En ningún caso podrán encuadrarse dentro del supuesto previsto por el presente inciso a aquellas expresiones de disenso ideológico o de crítica política, académica o ciudadana, que constituyan un legítimo ejercicio de los derechos consagrados constitucionalmente.

La segunda parte de la norma, que resaltamos en negrita, autoriza de hecho el agravio político para despegar a Milei de sus brotes psicopolíticos. La práctica del odio, a eso se refiere la norma, es una neurosis, una enfermedad o patología psicológica que también puede ser psiquiátrica. La otra paradoja es que el disenso podría ser considerado por la autoridad migratoria como un caso de odio.

La norma tiene un obvio carácter penal, tiene una finalidad represiva, no preventiva y sancionatoria. Sin embargo, lo más grave es que el odio es en todo caso un sentimiento privado, reservado al juicio de Dios, ya que el odio por sí mismo hasta podría ser causa de inimputabilidad.

Reitero, el odio es una patología sustentada en la rigidez del dogmatismo irracional y el desconocimiento del semejante.

Esta norma tiene un objetivo: justificar los agravios de Milei a los políticos y funcionarios extranjeros que descalifique por su modo de pensar.

La misma falacia que intentó usar en el caso $LIBRA como justificación, “promoví la criptomoneda a título personal”.

En el caso Lula, lo de “¿quién es ese tipo…?”, se trató de una calumnia, más grave que odiar.

Un fiscal debe promover la nulidad del DNU 681/26 y pedir el procesamiento de los firmantes por el delito de falsedad ideológica.

Se trata de un caso de gravedad institucional.

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